Hablemos de neurodesarrollo – #100NDES (2)

Seguimos con esta serie de entradas de verano en las que hablamos de neurodesarrollo. Os recuerdo mi plan de escribir un monográfico sobre neurodesarrollo utilizando mis cuentas de  Twitter y de Instagram.

El objetivo de este proyecto es doble. Por un lado, conocer los procesos del neurodesarrollo para disfrutar más de la crianza de los hijos. Como cuando tras contemplar un cuadro que nos gusta nos explican la historia y la técnica que hay detrás y entonces aún nos gusta más. Por otro, facilitar la detección de problemas y por tanto la pronta actuación.

Si esta segunda parte os interesa, recordad que podéis aprender más con mi curso de Bitácoras «El neurodesarrollo: ¿Cómo saber que todo va bien?» (Que además está de oferta todo el mes de agosto).

Ya sabéis que para hacerlo fácil divido el neurodesarrollo en cuatro etapas: anatómica, sensitivo-motora, del lenguaje y de la identidad. En cada una se explican los cambios biológicos del cerebro, los hitos que alcanza el niño y qué patología puede haber.

Tras explicar la etapa anatómica en la entrada anterior, vamos a por la segunda:

Etapa motora

O sensitivo-motora, pues tanto el desarrollo de los sentidos como las habilidades motoras van a tener lugar en esta etapa y serán imprescindibles para la formación de la arquitectura cerebral.

El momento del parto y el crecimiento craneal

El recién nacido acaba de pasar un «mal trago». Tras nadar a través de un estrecho canal, aún siente la adrenalina en su cuerpo. Su madre también está en alerta máxima, ¡ha hecho un gran esfuerzo!

Pero mirad esa cara de atento y alerta, es a causa de esa adrenalina y por eso hay que aprovechar el momento antes de que llegue el cansancio.

Ante el bebé aparece un mundo extraño.
Su piel mojada siente por primera vez el frío. Luz, ruidos, olores y sabores desconocidos lo inundan todo.
Sus sentidos perciben estímulos, pero su corteza cerebral, apenas construida, no entiende esas sensaciones. Pero sí reconoce las que percibía en el útero. Con el primer abrazo de su madre nota su olor familiar, su latido, sus caricias reconfortan y, en un acto reflejo, abre mucho la boca.
Su madre comprende, le ofrece el pecho y con la lactancia materna, surge la primera de tantas oportunidades de fortalecer el vínculo parental.

Ese vínculo que proporciona los estímulos clave para construir los circuitos básicos de la corteza cerebral, que serán después andamio de los posteriores, como se explica en este vídeo. (En Youtube, podéis poner los subtítulos en español).

La naturaleza tiene varios mecanismos para reforzar el vínculo y favorecer que el adulto facilite al bebé los estímulos que necesita para crear y modelar su corteza cerebral.

¿Cómo reaccionas cuando ves un bebé? Esa cabeza grande, el cuerpo pequeño y regordete, los bracitos y las piernas cortas, esos ojos gigantes…  El «Aspecto de bebé» –kindchenschema es irresistible, despierta ternura e instinto de protección.

Ese aspecto cambia con la edad. El tamaño de la cabeza disminuye respecto al del cuerpo con los años. La cabeza y tronco crecen muy rápido hasta los 3 años, pero luego la cabeza frena su crecimiento.

El contorno del cráneo refleja la manera en que crece nuestro cerebro. La velocidad de aumento del perímetro craneal tras el nacimiento se relaciona con los fenómenos de «circuitaje» cerebral:

Primero se crean circuitos –SINAPTOGÉNESIS–, fenómeno que predomina en el neurodesarrollo desde el nacimiento hasta los 3 años y el perímetro craneal crece durante este tiempo hasta 16 cm de media.

Después los circuitos se integran y se hacen eficaces –APRENDIZAJE–, entre los 3 y los 10 años, cuando se producen la mayoría de aprendizajes culturales. El crecimiento del contorno craneal es de 3 cm.

Por último se refuerzan los circuitos –ESPECIALIZACIÓN–, de la adolescencia a la edad adulta, cuando las personas definimos nuestra identidad y elegimos la profesión del futuro. También aquí el aumento es de unos 3 cm.

La fase en que predomina la sinaptogénesis coincide con la etapa motora, en la que sucede el máximo crecimiento de la corteza cerebral y se adquiere el control del movimiento voluntario.

A los 3 años el niño será capaz de de caminar y correr, manipular con precisión, hablar y controlar esfínteres, todas ellas habilidades motoras.

Mientras, en el cerebro, crecen las dendritas neuronales y se producen innumerables sinapsis entre los 86.000 millones de neuronas del cerebro. De este modo se crean así los circuitos básicos que serán necesarios para todas las funciones cerebrales.

Así aumenta el volumen del cerebro.

Al final de la etapa motora, todas las estructuras encefálicas acabarán conectadas entre sí para que el sistema nervioso central funcione de forma coordinada, como un todo.

El control de la postura y del desplazamiento

El recién nacido no controla su postura ni su movimiento. El aumento de su volumen en las últimas semanas del embarazo le obliga a replegarse sobre sí mismo para caber en el útero: es la postura fetal en la que predomina el tono flexor de las extremidades sobre el extensor.

desarrollo motorA medida que desarrolla y madura su córtex motor aparece el control de la postura y del desplazamiento. Lo que observamos es que de forma simultánea se produce un progresivo balance entre el tono flexor y extensor de las extremidades, desaparecen los reflejos primitivos y aparece el equilibrio.

De manera que hacia los 9 meses es capaz de cambiar de postura por sí mismo y a los 14 de caminar sin apoyos.

La manipulación y la pinza digital

La manipulación precisa es imprescindible para nuestra supervivencia, pero es tan complejas que tardamos años en perfeccionar nuestra habilidad manual.

Por un lado, requiere desarrollar la coordinación de los movimientos del brazo y la mano con el sentido de la vista.

La coordinación mano-vista

En un primer momento la mano y la vista no tienen ninguna coordinación.

Poco a poco, en los primeros meses de vida, el niño empieza a ver sus manos, aunque no es consciente aún de que es él mismo quien las mueve, su mirada sigue el movimiento de la mano. Es esa etapa en la que mira con fascinación el movimiento de sus manos y pies.

Por fin, cuando se completa la coordinación entre el sentido de la vista y la habilidad manual, el niño no necesita mirar su mano para saber como coger un objeto, mira al objeto y dirige su mano hacia él. Es la vista la que guía a la mano.

Por otro lado, el desarrollo de la pinza digital, una de las características más intrínsecamente humanas.

La pinza digital

Es el gesto que nos permite a los humanos oponer el pulgar a cualquiera de los otros cuatro dedos.

Esto da una precisión enorme a nuestra capacidad manual, nos permite usar eficazmente nuestros utensilios, que a su vez han sido creados teniendo en cuenta esta habilidad tan humana.

Hay también una secuencia en el desarrollo de la pinza manual.

Primero el agarre será muy tosco, aún no se domina el gesto de girar el antebrazo dejando la palma de la mano hacia arriba, así que el agarre será cogiendo los objetos con la mano apoyada en su borde.

Poco a poco irá desarrollándose la capacidad de girar el antebrazo y así el agarre se va modificando, también se adquiere la habilidad de mover los dedos de forma independiente, ambos son requisitos imprescindibles para conseguir la «pinza fina», es decir, oponer la yema del pulga a la del índice para coger un objeto con delicadeza y precisión al mismo tiempo.

La lateralidad y la dominancia manual.

Aunque nuestras extremidades son simétricas, la habilidad con la que usamos una u otra no lo es. Para cada tarea, preferimos el uso de una extremidad sobre la otra, a la que preferimos la llamamos extremidad dominante. Esta dominancia está también presente en la audición y en la visión.

La preferencia manual viene marcada genéticamente. Ya en el útero el 100% de diestros prefieren succionar su pulgar derecho, pero sólo el 67% de zurdos succionará el izquierdo. Después del nacimiento, el ambiente es determinante a la hora de fijar el uso de una u otra mano en las tareas que emprendemos.

En general, las personas que se definen como diestras son mucho menos hábiles con la mano izquierda que las que se definen como zurdas lo son con la derecha. Puedes intentar hacer este test para ver qué tan diestro o zurdo eres.

La dominancia manual está muy relacionada con el desarrollo del lenguaje. De manera que también son los diestros el grupo que muestra menos variabilidad en la localización de las áreas cerebrales del lenguaje. Porque la lateralidad del cerebro está relacionada con el lenguaje.

El entorno cultural

Como en todas las capacidades humanas, el entorno cultural tiene un peso nada despreciable en el desarrollo motor. La cultura modifica el ritmo y el patrón del neurodesarrollo.

El documental «Babies» de Thomas Balmès, es una preciosa muestra de ello. Este es el trailer oficial.

 

¿Y cuando hay un retraso?

La principal causa de retraso motor (aunque hay muchas otras) es la Paralisis Cerebral Infantil (PCI). Importa mucho hacer una detección a tiempo, para ello interesa conocer mejor el neurodesarrollo de los niños con PCI.

El desarrollo de la comunicación

El habla es una habilidad motora que necesita del desarrollo paralelo del lenguaje. Primero nacemos sin entender el mundo, con el desarrollo sensorial adquirimos nuestra primera forma de comprender, pero es el lenguaje el que articula nuestras ideas.

Aunque la comunicación humana no se limita al habla, es muy variada: verbal, no verbal, escrita y también plástica, como el resto de expresiones artísticas, y empieza muy temprano, con el encuentro de la mirada, la sonrisa, el balbuceo, señalar…

El llanto es una forma temprana de comunicación. Llora el bebé por hambre, sueño, enfado…

Quizá los padres entienden por qué llora su hijo, pero ¿realmente  distinguen los tipos de llanto? Te propongo un juego, ¡ponte a prueba!

El recién nacido sonríe. Dormido o despierto, es una sonrisa refleja, sin contexto. La sonrisa de verdad, llamada social, surge hacia los 2 meses en respuesta a la interacción con el  entorno o personas. Hilo del Dr. Alberto García Salido que lo ilustra muy bien 👇

La mirada es una forma de comunicación humana muy especial. El mundo es tan complejo que el bebé necesita que se lo expliquen y aprender a dirigir la atención hacia dónde otro mira es esencial para comprenderlo. Es lo que se conoce como atención compartida.

Con el desarrollo de la atención compartida, aparece también la referencia social.

En un momento en el que aún no ha aparecido el lenguaje, intenta comprender lo que sucede a su alrededor observando la reacción de los demás e imitándola.

Ambas habilidades aparecen antes de que el niño empiece incluso a decir sus primeras palabras. Así aprende a comprender antes que a hablar, el lenguaje empieza antes del habla… Porque aunque habla y lenguaje se desarrollen al mismo tiempo, no son lo mismo.

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La próxima semana os espero con la tercera parte de #100NDES.

Encantada de que te interese y si además te parece que puede ayudar a otros, te agradeceré mucho que lo compartas en tus redes sociales y whatsapp.

____________________________<sobre esta información>

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