infancia, maternidad y discapacidad

Historia de la infancia, de la maternidad y la discapacidad

Ser madre y padre es un acontecimiento biológico; la maternidad y la paternidad, un ejercicio cultural.

hijosPuede parecernos que el instinto materno y el amor de los padres es algo natural y que por tanto ha sido siempre así, pero no es cierto.

Dependiendo de la época histórica y de las necesidades de cada grupo social encontramos formas muy diversas de ser padres. El contexto es determinante en la creación de esa construcción cultural que es la maternidad, y especialmente influyente es el valor que la sociedad da a los niños.

Cuando esos hijos tienen una discapacidad, la paternidad adquiere tintes propios ya que su dependencia origina una preocupación tanto personal como familiar y social que se resuelve de forma muy diferente según sea el contexto social. 

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el valor de la discapacidad

astla diversidad da unas gafas que enriquecen la mirada del hombre sobre el mundo

Las personas con diversidad enriquecen nuestra humanidad con su visión desde otro ángulo.

Cada uno de nosotros es único, nuestro cerebro y sus millones de conexiones forjadas por nuestra experiencia nos convierten en irrepetibles e insustituibles. Pero cuando distintas personas de capacidades similares se enfrentan al mundo, sus cerebros responden con visiones parecidas.

Sólo el que es diferente ve otras realidades que la mayoría no imaginamos ¡y cuánto aprendemos los demás cuando las comparte! 

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Vamos a acabar con la educación especial

La inclusión social como objetivo

Los seres humanos somos sociales, nos necesitamos unos a otros para vivir con plenitud y aportar a la sociedad aquello que podemos y sabemos hacer mejor. Y la sociedad nos necesita así, con nuestras capacidades al máximo, cada uno las propias porque todas son útiles y necesarias.

Todos tenemos un lugar en la sociedad que, para ser justa, debe ser inclusiva. La infancia y la adolescencia nos preparan para nuestra independencia, es entonces cuando debemos esforzarnos para después poder ser incluidos en la sociedad adulta. El hogar y la escuela son los entornos donde vamos a encontrar las oportunidades que nos permitan aprender a desarrollar todas nuestras capacidades.

Cuando el ritmo o la capacidad de aprender no son los de la mayoría de niños, el entorno debe adecuarse a esa diversidad para que las oportunidades de desarrollo no se vean disminuidas. Hay que cambiar los modelos de aprendizaje, en casa y en el colegio, para ayudar al niño que lo necesita. Esto no es fácil y requiere conocimientos en atención temprana y educación especial para hacerlo con eficiencia y eficacia.

Por eso cuando la Ministra de Educación, la Sra. Isabel Celaá, manifiesta que «el Gobierno pretende convertir los centros de educación especial en centros sectoriales de apoyo a la inclusión que brinden el asesoramiento y la ayuda necesarios para que el alumnado que actualmente está escolarizado en estos centros específicos pueda incorporarse progresivamente a los centros ordinarios», surge la preocupación y la duda entre los padres de hijos con necesidades educativas especiales y los docentes que los tienen a su cargo.

Pero, ¿es posible acabar con los centros de educación especial? Yo no lo tengo tan claro, ni me parece que, a día de hoy, en buena fe, se pueda.

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Trastorno específico del lenguaje (TEL)

El trastorno específico del lenguaje –TEL– es difícil de definir, de diagnosticar y de tratar.

Hace referencia a los niños con problemas en el lenguaje con habilidades cognitivas normales y sin una causa identificable de esas dificultades. El diagnóstico es pues de exclusión, es decir, descartando otras causas que puedan explicarlo, y abarca un espectro tan amplio de manifestaciones que no ayuda a su comprensión.

Conocerlo es pues muy importante para poder entender las dificultades a las que se enfrenta el niño que lo tiene y atender adecuadamente sus necesidades.

De las muchas características que compartimos todos los seres humanos yo destacaría tres: la capacidad de andar erguidos –bipedismo–, la de formar una pinza oponiendo el pulgar a los otros dedos de la mano y el lenguaje.

Quizá la más compleja de todas sea el lenguaje, una capacidad fascinante de la que aún no comprendemos muy bien ni cómo surge ni cómo funciona, pero sabemos que interviene en el análisis de lo que percibimos, en nuestras emociones y en la elaboración de ideas. Nos ayuda a recordar el pasado y a imaginar el futuro. Es el soporte de nuestro mundo interior, de nuestro «yo» y también la herramienta que nos permite transmitirlo.

Las deficiencias en el lenguaje interfieren en todos estos procesos. Pueden ser debidas a problemas en la comprensión, en la expresión o en ambas y sus causas muy variadas. Digamos que evaluar y definir los problemas del lenguaje es tan complejo como el propio lenguaje y que no hay consenso sobre ello.

Y el trastorno específico del lenguaje no se escapa a esta dificultad.

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Queridos maestros: los niños con TDAH os necesitan

La medicación para el Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad –TDAH– mejora la atención, pero no los procesos de aprendizaje, que son distintos a los de otros niños.

El tratamiento que se ha mostrado más eficaz para el TDAH es la combinación de fármacos específicos con terapia cognitivo conductual. Lo que más llama la atención en el TDAH son sus síntomas nucleares –la falta de atención, el no parar quieto y la impulsividad, combinados entre sí con distinta intensidad–, y con la terapia indicada suele conseguirse mejoría.

Sin embargo yo creo que el quid de la cuestión está en comprender los procesos mentales de los niños con TDAH, de esto se habla poco y es el origen de la incomprensión y de la mayoría de los problemas que se generan. Por eso me he decidido a escribir esta entrada, para ayudar a los docentes a comprender estos procesos y adaptar la manera de enseñar atendiendo a esas diferencias.

Desconocemos qué causa el TDAH y como se producen sus síntomas. Aunque tenemos pruebas que indican que el origen puede ser genético y estudios anatómicos que encuentran diferencias en el tamaño de distintas estructuras del encéfalo, no tenemos certezas. Así que el diagnóstico es todavía clínico y se basa en en la observación de la conducta del niño.

Esta circunstancia y la gran variabilidad clínica propia del TDAH no ayudan a su comprensión, al contrario alientan falsas controversias interesadas que llegan a la opinión pública y generan dudas a las familias, a los docentes y a la sociedad en general.

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