Una rosa es una rosa…

Rosa

Algo no va bien y consultamos al médico.

Le explicamos lo que nos pasa, lo que sentimos (síntomas), y nos examina en busca de anomalías (signos) que le permitan darnos un diagnóstico y ofrecernos un tratamiento.

El diagnóstico es la esencia del arte de la Medicina, reúne síntomas y signos en un solo nombre. Traduce la complejidad del organismo enfermo en algo concreto, comprensible y manejable. Es la guía que indica el tratamiento y el pronóstico.

La persona que sufre busca una respuesta que tiene el médico. Busca un nombre que explique lo que le pasa, lo que le preocupa y asusta. El diagnóstico resumirá su situación, le dará acceso a los posibles tratamientos y le permitirá organizarse ateniéndose al pronóstico.

Pero un nombre es sólo un nombre.

vrg¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa tendría el mismo perfume con cualquier otro nombre – Shakespeare, Romeo y Julieta –

Para el especialista los nombres de sus diagnósticos son cotidianos, familiares. Para quien padece, son extraños y a menudo amenazantes.

Ese nombre no empeorará ni mejorará su padecer, la incertidumbre sí.

Poder dar un nombre a la enfermedad permite limitar la naturaleza, concretar que pasa y que puede pasar. Permite dejar de esperar para actuar y tomar decisiones.

Después del diagnóstico los problemas serán los mismos, pero sabremos como enfrentarnos a ellos, como tratarlos.

vrgLa palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha            – Montaigne –

Un buen especialista procurará explicar lo que sucede a quien le pide consejo, aclarando todas sus dudas y miedos. Y asegurándose de que las preguntas con respuesta se plantean y se aclaran.

Otra cosa será todo aquello que ni el médico ni la Medicina saben. Ahí es donde al buen médico se le ofrece además la ocasión de ser buena persona.

↬  9.octubre.2012 ©  mj mas

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Acerca de mj mas

Neuropediatra · Ejerzo la Medicina con Ciencia y humanidad. Aquí divulgo sobre el imperfecto cerebro humano.

Un comentario »

  1. Alba dice:

    Me encantó el artículo, no es común que un profesional de la medicina haga estos cuestionamientos éticos a su profesión, Esto se logra cuando la experiencia ha esculpido profesional y los miedos iniciales ya son historia, Me queda por decir que si bien la palabra rosas no da el perfume, los perfumes que evocan cada vez que un hablante la dice es distinto y pertenece a cada uno de ellos de acuerdo a la experiencia vivida. Mis rosas son mis rosas, que no cuestiono la inmotivación de la palabra pero solo quiero reivindicar la diferenciación de lo evocado. Ni qué decir de otras palabras tan cargadas semánticamente y emocionalmente, pero eso es otra historia.
    Y sigo reinvindicando: quiero ser atendida por médicos que se cuestionen y que cuestionen y que además sean buenas personas.

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