Coronavirus COVID19: más vale prevenir

Cuando aquel primate que se supo mortal se convirtió en el primer ser humano y así nos reconocemos, Homo sapiens sapiens, la especie surgida hace unos 200.000 años.

Los humanos actuales, inmersos en nuestros ajetreos, más o menos relevantes, vivimos nuestros días de espaldas a nuestro ineludible destino. Hasta que, de pronto, un ser invisible, un simple coronavirus (llamado SARS-CoV-2) amenaza todo y nos vuelve a la realidad natural, la que vivieron los humanos que nos han precedido y padecido otras pandemias. Una historia recurrente de la Humanidad.

Suspiramos ahora por una vacuna, esa medicina preventiva que algunos desinformados y osados se atrevían a denostar y que, de existir, sería ahora acogida sin titubeos incluso por los que han hecho sufrir a tantos esparciendo falsas dudas.

Pero las vacunas contra un germen nuevo y desconocido necesitan tiempo para desarrollarse y poder ofrecerse con seguridad a toda la población.

Tampoco tenemos medicinas que eliminen este coronavirus de nuestros cuerpos, donde campa a sus anchas y, en un nada despreciable número de casos, causa la muerte.

Las epidemias solo desaparecen cuando el germen no puede contagiar a nadie más. Y sólo hay dos formas de conseguirlo: contagiándonos todos o evitando el contagio de persona a persona. La primera opción es inmoral, pues pone en peligro la salud y la vida de demasiadas personas. La segunda, sin vacuna ni tratamiento eficaz conocido por ahora, solo es posible si nos aislamos de verdad.

¿Prefieres prevenir o arriesgarte?

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Coronavirus COVID19: confinamiento y atención temprana

La situación de la pandemia por coronavirus causante del COVID 19 obliga, por responsabilidad personal siempre y por mandato de las autoridades cuando corresponda, a cerrar servicios no vitales y a permanecer en casa, tanto si tenemos síntomas como si no. En el primer caso porque quienes tienen síntomas contagiarán seguro a todos los de su entorno, y en el segundo porque es muy probable que, aún sin tener síntomas, el virus se transmita igual a través de los infectados asintomáticos, la mayoría niños y jóvenes.

Los Centros de Desarrollo y Atención Precoz deben permanecer cerrados siguiendo las directrices de nuestros gobernantes. Aun siendo centros imprescindibles para la atención de los niños con trastornos del neurodesarrollo, en circunstancias extraordinarias y de la gravedad de esta a la que nos enfrentamos, resulta una medida muy adecuada para la salud pública, que es la salud de todos.

Atención temprana en casa

Pero no desatendamos la estimulación temprana de nuestros niños. Durante los días que dure el confinamiento debemos mantener los ejercicios y las actividades que ya se habían pautado previamente y se hacían de forma regular en casa, porque la atención temprana no es solo la que se hace en los centros especializados, sino también todo aquello que se recomienda hacer en el hogar: ejercicios de estiramiento, equilibrio y movilidad para quienes tienen un problema sobre todo motor; actividades de comunicación, turnos y habla para los niños con dificultades del lenguaje y de la cognición; pautas de autorregulación de la conducta, de juego y de interacción social para los que tienen problemas de comportamiento; y muchos otros.

Seguid pues las indicaciones habituales de vuestros terapeutas, para reforzar y continuar con las actividades y pautas personalizadas para vuestro hijo.

Aparte de eso, es difícil mantener las rutinas en casa cuando todos estamos en una situación inusual y también sabemos que hay niños, especialmente aquellos con trastorno en el espectro del autismo, para quienes los cambios en la rutina suponen un desafío y resultan muy difíciles de tolerar.

Por eso os hago partícipes de la propuesta de rutina que hemos elaborado en el CDIAP Santa Tecla de Tarragona, entre todas las profesionales que trabajamos allí, con el único propósito de aportar ideas útiles que quizá os puedan servir.

Han participado en esta propuesta: Mar Vázquez, psicólogo y coordinadora; Carmen Férrez y Clara Daví, logopedas; Tatiana Otxandio y Cèlia Camps, psicomotricistas. Con la aprobación de Marta Bladé, fisioterapeuta y directora del centro; y yo misma.

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Epidemia del coronavirus COVID-19: ¿qué puedo hacer yo?

Aunque este blog trate sobre mi especialidad, la neuropediatría, como pediatra y como médico me preocupa la infección por coronavirus que se está expandiendo por todo el mundo.

Este post mantiene las directrices y objetivos del blog: informar para ayudar a comprender mejor los problemas de salud a los que nos enfrentamos. Por eso trataré de explicar lo que sabemos sobre esta epidemia del COVID-19 y, sobre todo, como tener una actitud personal responsable ante esta situación de incertidumbre.

Epidemia, endemia y pandemia

Hablamos de epidemia cuando el número de casos de una enfermedad supera al habitual en una población concreta en un momento dado.

Hace referencia a cualquier enfermedad, diabetes, epilepsia, obesidad, aunque lo más habitual es que cuando hablamos de epidemia nos refiramos a la de una enfermedad infecciosa que, además, suele expandirse de forma rápida.

Si el número de casos de una enfermedad se mantiene sin variaciones, ni desaparece ni aumenta significativamente, durante mucho tiempo en una población se dice que es una enfermedad endémica.

La epidemia se convierte en pandemia cuando su propagación alcanza zonas extensas, varios continentes, o a toda la población mundial.

El curso de una epidemia infecciosa está determinado por varios factores. Los principales:

La población susceptible de enfermar.

Por ejemplo, si una enfermedad infecciosa puede prevenirse por vacunación y la inmensa mayoría de la población está vacunada, es difícil que el germen pueda circular e infectar a los no vacunados. Aún en presencia del germen la vulnerabilidad de la población es baja.

Por eso es tan importante vacunarse, para proteger a las personas que, por razones médicas, no pueden hacerlo.

El promedio de casos nuevos que se contagian de un solo caso.

Esto se conoce como número básico de reproducción (R0) y determina el número total de personas que probablemente estén infectadas.

En general, cuanto mayor sea el valor de R0, más difícil será controlar la epidemia.

El tiempo de contagiosidad.

El transcurrido desde que una persona se contagia hasta que se vuelve ella misma contagiosa para los otros porque puede transmitir el germen patógeno.

La oportunidad de contagio. 

No es lo mismo una infección en una población remota y aislada que en una gran ciudad.

Lo que sabemos del COVID-19

El nombre es un acrónimo de coronavirus disease 2019, en español: la enfermedad del coronavirus 2019.

Está causada por el virus SARS-CoV-2 (coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave), un nuevo virus de la familia de los coronavirus aislado por científicos chinos tras el primer brote conocido de la enfermedad, que se produjo en diciembre de 2019 en Wuhan, la capital de la provincia de Hubei y la ciudad más poblada en la zona central de la República Popular China.

Es una cepa de la familia coronavirus, virus que producen infecciones similares al resfriado común, pero también infecciones respiratorias más graves que causaron epidemias en 2002-2003 (Síndrome respiratorio agudo grave –SARS–) y en 2012 (Síndrome respiratorio de medio oriente –MERS-CoV–).

La del COVID-19, se trata de una infección nueva en humanos y por tanto sus síntomas y su alcance no están aún bien definidos. Por ahora sabemos que las personas que se infectan por SARS-CoV-2 pueden no desarrollar ningún síntoma o presentar manifestaciones variadas que van desde leves –fiebre, tos seca, estornudos, dolor de garganta, fatiga–, un cuadro similar a la gripe, a muy graves, como neumonía que puede causar insuficiencia respiratoria y muerte. Los varones de más de 60 años que presentan enfermedades previas parecen ser los más propensos a las complicaciones.

Es un virus respiratorio que se transmite de persona a persona a través de las gotitas de saliva y de mucosidades, que pueden volar por el aire, con la tos o los estornudos, hasta aproximadamente un metro de distancia. Luego, por su peso, caen al suelo. Se quedan también en las manos, la cara y las superficies donde caen, por eso es tan importante lavarse las manos.

En cuanto a la epidemia COVID-19.

La población más susceptible de enfermar parecen ser los mayores de 45 años, pero se han registrado casos de toda consideración, leves y graves, en todas las edades, incluso en niños de pocos meses de edad.

La transmisibilidad es alta, se estima que por cada caso se pueden producir entre 2,2 y 2,68 nuevos casos. Parece ser que su velocidad de propagación es más lenta que la de la gripe A, pero que su duración podría ser más prolongada en el tiempo.

Lo que (aún) NO sabemos del COVID-19

Por ser una enfermedad nueva, los primeros casos son de diciembre de 2019, es muy normal que sea mucho más lo desconocido que lo que sabemos que, además, puede ser cambiante a medida que llegan nuevos datos.

no séDesconocemos su tasa de letalidad. Las aproximaciones que tenemos sugieren que entre el 0,3 y el 1% de todos los infectados con síntomas fallecen. Veremos publicadas tasas muy variables, esto es  normal porque para hacer este cálculo necesitamos conocer el total de contagiados, dato que va cambiando con el tiempo y con la capacidad de contener y tratar la infección.

Tampoco tenemos certeza sobre en qué momento las personas infectadas por el virus empiezan a ser contagiosas. Es posible que lo sean antes de la aparición de los síntomas, durante el período de incubación de la enfermedad, que según los cálculos de la OMS sería de entre dos y diez días, mientras que los CDC estadounidenses estiman que dura entre dos y catorce días. Algunos estudios, cuyos resultados se ven limitados por el número de casos y las nuevas informaciones que llegan, sugieren que la máxima capacidad de contagio sucede entre uno y dos días antes de que los pacientes infectados empiecen a desarrollar síntomas.

No se sabe la proporción de personas que, a pesar de estar infectadas, se encuentran asintomáticas, pero podría ser el 80% del total de individuos con COVID-19. En el 14% la enfermedad es grave y en el 6% muy grave.

El tiempo durante el que una persona con COVID-19 puede ser contagiosa parece ser de unos diez días después de desarrollar los primeros síntomas.

Aún no sabemos si se trata de un virus estacional que desaparecerá en el verano o continuará transmitiéndose a pesar de la llegada del calor.

Todas estas incógnitas, aún por despejar, dificultan mucho la tarea de los especialistas en salud pública y en epidemiología que buscan evitar que el pico epidémico sea tan elevado que colapse los servicios de atención médica y la economía. Es necesario mitigar la propagación de la epidemia para minimizar los efectos de la enfermedad y su supervivencia y dar tiempo a desarrollar y fabricar los medicamentos antivíricos y las vacunas necesarias para tratar y proteger a la población, que se calcula tardarán al menos de 18 a 24 meses en estar disponibles.

¿Qué puedo hacer yo para ayudar a mitigar la epidemia?

Por todas las incertidumbres descritas, la responsabilidad personal es clave para colaborar y evitar un número masivo de casos en muy poco tiempo, que conllevaría el colapso de nuestros sistemas sanitarios.

Se trata de que, aunque el número total de personas contagiadas no se pudiera disminuir, se distribuya en el tiempo para permitir la respuesta adecuada del sistema sanitario. Lo que se conoce como aplanar la curva epidémica y que aquí podéis ver representado gráficamente.

 

Para evitar contagiarnos de otros o contagiar a otros, recordemos que se calcula que el 80% de infectados no tendrá ningún síntoma, debemos aplicar las medidas generales de protección ante cualquier enfermedad respiratoria:

Higiene de manos

El virus no sobrevive al agua y al jabón.

Hay que saber cuándo lavarse las manos:

  • al volver de la calle
  • al toser o estornudar
  • antes y después de tocarse la cara, atender a un enfermo, ir al baño
  • siempre que creas que has estado en contacto con el virus

y también cómo lavárselas correctamente (pincha la imagen para ampliarla).

El uso de soluciones alcohólicas al 70%, geles de alcohol, es aceptable si no tenemos acceso inmediato al agua y al jabón, pero si lo tenemos, nada como un buen lavado de manos (y mucho más barato, además).

Etiqueta respiratoria

Se trata de evitar, en la medida de lo posible, que nuestros fluidos respiratorios contaminen el aire y los objetos.

Al toser y estornudar debemos cubrirnos la boca y la nariz, bien con un pañuelo desechable o con el codo. La manera correcta de hacerlo es cogerse el hombro contrario con la mano y toser o estornudar sobre la flexura del codo.

Pañuelos de un solo uso. Los utilizamos y los tiramos inmediatamente y, por supuesto, nos lavamos las manos de nuevo.

Distanciamiento social

Reduce de forma efectiva la probabilidad de contagio, probablemente hasta en un 60%.

Debemos pues seguir las directrices dictadas por los responsables de la salud pública de nuestra comunidad, no hacer caso de supuestos expertos ni de opiniones de terceros. Si se pide cerrar centros docentes, no usar transporte público o evitar reuniones, aunque sean familiares, lo sensato es hacerlo sin más. Bastante difícil tiene que resultar tomar decisiones tan drásticas en momentos de incertidumbre, es cosa de todos colaborar para proteger nuestra propia salud y la de nuestros seres queridos.

Evitar grandes reuniones de personas y todas las que no permitan estar a uno o dos metros de distancia de cualquier otro asistente. Esta medida es especialmente importante en en las personas de más de 60 años, en las que tienen enfermedades crónicas y para los profesionales sanitarios, pues en una situación epidémica las bajas entre los trabajadores de la salud comprometen aún más el sistema y contribuyen a su colapso.

El aislamiento voluntario y precoz ante los síntomas leves –fiebre y tos–, buscando asesoramiento médico de forma remota. Acortar el tiempo desde el inicio de los síntomas hasta el aislamiento es vital, ya que reducirá la transmisión y es probable que disminuya la epidemia. Si los síntomas son más preocupantes –dificultad para respirar–, debemos pedir asistencia médica domiciliaria o seguir las indicaciones que nos den los servicios de atención sanitaria remota.

Avisar a las personas con las que hemos estado en contacto de que tenemos el COVID-19 para que ellas puedan también tomar sus propias medidas preventivas.

Ten a mano el número de teléfono que las autoridades locales hayan habilitado para la atención e información de los ciudadanos. Listado por Comunidades Autónomas.

En situaciones excepcionales todos podemos hacer algo para que las cosas vayan mejor. Por favor, sé responsable y pide a los demás que lo sean.

Si te ha parecido útil, te animo a compartirlo en tus redes sociales o vía WhatsApp con aquellas personas a las que crees que puede ayudar esta información. ¡Gracias!

↬  2020 © MJ Mas

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Bibliografía:

Propósitos de Año Nuevo

El día de Año Nuevo es un día arbitrario. Que el año empiece el 1 de enero es algo que sólo tiene importancia para los humanos que nos regimos por el calendario gregoriano, porque para el Universo es un día cualquiera, en el que los mecanismos celestes sucederán, aunque no se verifiquen, mientras nuestro planeta gira sin descanso alrededor de su sol.

Sin embargo a los humanos estos giros planetarios nos sugieren una renovación y con ella parece como si las oportunidades estuvieran más a nuestro alcance que en cualquier otra época del año.

Empezar de cero, intentarlo, por primera vez o de nuevo, los propósitos de año nuevo surgen como un desafío a nuestro constante aplazamiento de los objetivos, pero ¿realmente es posible cumplirlos?

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