Vamos a acabar con la educación especial

La inclusión social como objetivo

Los seres humanos somos sociales, nos necesitamos unos a otros para vivir con plenitud y aportar a la sociedad aquello que podemos y sabemos hacer mejor. Y la sociedad nos necesita así, con nuestras capacidades al máximo, cada uno las propias porque todas son útiles y necesarias.

Todos tenemos un lugar en la sociedad que, para ser justa, debe ser inclusiva. La infancia y la adolescencia nos preparan para nuestra independencia, es entonces cuando debemos esforzarnos para después poder ser incluidos en la sociedad adulta. El hogar y la escuela son los entornos donde vamos a encontrar las oportunidades que nos permitan aprender a desarrollar todas nuestras capacidades.

Cuando el ritmo o la capacidad de aprender no son los de la mayoría de niños, el entorno debe adecuarse a esa diversidad para que las oportunidades de desarrollo no se vean disminuidas. Hay que cambiar los modelos de aprendizaje, en casa y en el colegio, para ayudar al niño que lo necesita. Esto no es fácil y requiere conocimientos en atención temprana y educación especial para hacerlo con eficiencia y eficacia.

Por eso cuando la Ministra de Educación, la Sra. Isabel Celaá, manifiesta que «el Gobierno pretende convertir los centros de educación especial en centros sectoriales de apoyo a la inclusión que brinden el asesoramiento y la ayuda necesarios para que el alumnado que actualmente está escolarizado en estos centros específicos pueda incorporarse progresivamente a los centros ordinarios», surge la preocupación y la duda entre los padres de hijos con necesidades educativas especiales y los docentes que los tienen a su cargo.

Pero, ¿es posible acabar con los centros de educación especial? Yo no lo tengo tan claro, ni me parece que, a día de hoy, en buena fe, se pueda.

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Trastorno específico del lenguaje (TEL)

El trastorno específico del lenguaje –TEL– es difícil de definir, de diagnosticar y de tratar.

Hace referencia a los niños con problemas en el lenguaje con habilidades cognitivas normales y sin una causa identificable de esas dificultades. El diagnóstico es pues de exclusión, es decir, descartando otras causas que puedan explicarlo, y abarca un espectro tan amplio de manifestaciones que no ayuda a su comprensión.

Conocerlo es pues muy importante para poder entender las dificultades a las que se enfrenta el niño que lo tiene y atender adecuadamente sus necesidades.

De las muchas características que compartimos todos los seres humanos yo destacaría tres: la capacidad de andar erguidos –bipedismo–, la de formar una pinza oponiendo el pulgar a los otros dedos de la mano y el lenguaje.

Quizá la más compleja de todas sea el lenguaje, una capacidad fascinante de la que aún no comprendemos muy bien ni cómo surge ni cómo funciona, pero sabemos que interviene en el análisis de lo que percibimos, en nuestras emociones y en la elaboración de ideas. Nos ayuda a recordar el pasado y a imaginar el futuro. Es el soporte de nuestro mundo interior, de nuestro «yo» y también la herramienta que nos permite transmitirlo.

Las deficiencias en el lenguaje interfieren en todos estos procesos. Pueden ser debidas a problemas en la comprensión, en la expresión o en ambas y sus causas muy variadas. Digamos que evaluar y definir los problemas del lenguaje es tan complejo como el propio lenguaje y que no hay consenso sobre ello.

Y el trastorno específico del lenguaje no se escapa a esta dificultad.

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La percepción del tiempo, feliz 2019

Pasa otro año más y en estos días finales es difícil sustraerse a reflexionar sobre lo vivido, sopesar lo que nos ha pasado y hacer planes de futuro. Al mirar atrás nos parece que el tiempo ha pasado muy rápido o tal vez muy lento o quizá dependa de qué nos haya sucedido a lo largo de este año. La forma en la que percibimos el tiempo es subjetiva, porque  el tiempo es una medida humana que nos obsesiona.

Y de eso trata mi última entrada del año, del tiempo y de cómo lo percibimos.

El tiempo es una medida humana

Porque ¿existe el tiempo sin alguien que lo observe? Ya nos desveló Einstein que el tiempo es relativo, y todos sabemos que la forma de medirlo no es constante, ni entre culturas ni a lo largo de la historia.

Todas las felicitaciones de nuevo año del blog (2013-2018).

Aquí y ahora medimos el tiempo usando las posiciones relativas entre el Sol y la Tierra y llamamos año al tiempo que tarda el sol en volver a ocupar la misma posición en nuestro cielo: 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Pero nos ha llevado milenios acordar un calendario. Desde el calendario lunar de las culturas más antiguas, pasando por el calendario solar de 365 días de los egipcios, la división del año en meses por los romanos y la invención de los años bisiestos por Julio César –calendario juliano–, hasta la corrección definitiva del desfase acumulado de 10 días que lleva a cabo el Papa Gregorio XIII en el siglo XVI.

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La cara de los bebés y el apego

¿Cuál es tu reacción cuando ves un bebé? Esa cabeza grande sobre un cuerpo tan pequeño y regordete, los bracitos y las piernas cortas, esos ojos gigantes… Son irresistibles, sacan el lado más tontorrón de cualquier adulto. Despiertan una ternura y un instinto de protección difíciles de controlar.

Las caras de los niños, especialmente las de los bebés, llaman mucho nuestra atención.

Su fisonomía parece estar diseñada para eso y, además, esos rasgos infantiles son comunes a otras especies animales. Una cría de león, un gatito o un polluelo, nos provocan sentimientos similares, pero ¿por qué?

Tras nacer, las crías de la mayoría de las especies dependen en gran medida de los cuidados de sus progenitores, necesitan que sus padres los alimenten y protejan. Estos cuidados son cruciales para su supervivencia y por tanto para la de la especie. En los humanos la dependencia es completa, ya que al nacer no podemos ni cambiar solos de postura. Parece que las características inherentes a los rostros infantiles facilitan el comportamiento de crianza en los adultos. El conjunto de estas características se llama…

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Cefalea infantil, qué necesitas saber

cefalea

Pues sí, los niños sufren cefalea y además puede aparecer en edades muy tempranas. Esto genera gran inquietud y por eso es motivo de consulta a la neuropediatra.

La preocupación es diferente para el que sufre el dolor, para sus padres o para el médico y eso hace que la manera en que nos enfrentamos a ella sea distinta.

Qué tipos de cefalea existen, qué debemos contarle a la neuropediatra, cuáles pueden ser las causas del dolor, qué pruebas son adecuadas para su estudio… Todo esto vamos a tratar en la entrada de hoy.

Sobre cefalea infantil

La cefalea es un problema que molesta a todo el mundo: al que lo padece a los que le rodean y al médico. Como cualquier dolor, carece de un marcador biológico que nos permita decir con certeza cuánto y cómo duele la cabeza.

En el caso de los niños la inquietud es mayor y todos queremos estar seguros de que es un dolor banal, de que no pasa nada importante.

Esta preocupación lleva muy a menudo a consultar con el neurólogo infantil, de modo que la cefalea origina

1 de cada 5 consultas a neuropediatría

Y así es la mayoría de las veces, la causa del dolor no será grave, pero eso no quita que debamos darle la importancia que tiene, porque doler duele

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