memoria, memorias, fin de año


 
Nuestro cerebro es un prodigio de la adaptación. Probablemente el cerebro humano es el órgano de la naturaleza mejor dotado para adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades.
Adaptarse exige un aprendizaje y para aprender hay que recordar. Aunque nuestra capacidad de aprender es innata, nuestros aprendizajes no. Los aprendizajes son el fruto de la continua interacción entre nuestras capacidades y nuestro entorno, modifican las conexiones y la estructura íntima de nuestro cerebro y desde el momento en que nacemos estamos ya aprendiendo, aunque no lo recordemos.
Aprendemos de nuestras experiencias, que sobre todo surgen de nuestra relación con los demás. Porque en cierto modo los demás nos construyen y forman parte de cada uno de nosotros, como cada uno forma parte de aquellos con los que se relaciona.
En su continua adaptación el cerebro necesita olvidar. Recuerda sólo aquello que le emociona, que le es útil o le hace falta en su día día…

El cerebro inteligente olvida para seguir siendo eficaz. 

 
En esta vorágine tecnológica en la que nos hemos instalado urge rescatar lo humano. Muchas son las fotos y vídeos compartidos, muchos los enlaces y las citas. Demasiadas las opiniones de expertos sobre todo y sobre nada que nos quieren convencer de lo suyo.
Parece que el fin del año es el momento del balance. En la tranquilidad antes de volver a la vorágine, recuerdo a las personas, los abrazos, las miradas, los momentos y los paisajes que han cambiado mi cerebro este año.
Y hago mías las palabras de Stefan Zweig y decido que

«No guardo de mi pasado más que lo que llevo detrás de la frente»

Gracias a todos los que me hacéis como soy.
↬  2017 © mj mas
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Gráfico: «cita de Stefan Zweig», por © mj mas, si lo usas debes citarme y enlazar a esta entrada.
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