Etapas del dibujo infantil

🌸 Neurodomingo 2021.23

Pablo Picasso y su amigo Georges Braque inventaron el cubismo, la primera vanguardia. Experimentan e innovan con las formas –predomina la geometría–, fragmentan líneas y superficies –desaparece la sensación de profundidad–, suprimen los detalles –el dibujo se hace infantil–, reducen la paleta de colores, pero, sobre todo, abandonan la perspectiva tradicional y presentan en un mismo plano diversas vistas del objeto que se ofrece con perspectivas múltiples y simultáneas. Ya no existe un punto de vista único.

Y así sucede con esta «Cabeza de mujer leyendo», podemos ver al mismo tiempo su perfil izquierdo, su cara de frente y sus manos desde distintos ángulos. Con esta visión simultánea a partir de distintos puntos de vista, Picasso consigue transmitirnos la idea de movimiento.

Antes de Picasso la pintura era pintura, después el Arte sería para siempre otra cosa. 

Un siglo después de convertirse en «vanguardia» la obra de Picasso sigue siendo desconocida y provoca a veces comentarios inapropiados como «eso lo dibujaría un niño». ¿Quizá el propio Picasso no lo consideraría tan incorrecto?

«Desde niño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño». 

Pablo Ruíz Picasso

Pero ¿es verdad que Picasso pintaba como los niños? ¿Cómo sucede el desarrollo del dibujo?

—dibujo y neurodesarrollo—

Todos podemos dibujar porque el dibujo es una habilidad humana y como tal está limitada por las capacidades perceptivas, cognoscitivas y ejecutivas de la persona y es un reflejo de estas funciones cerebrales.

Dibujar involucra a la vista –percepción– y a la mano –motricidad–, el dibujo es el fruto de la coordinación de ambas pasada por el tamiz del cerebro, con sus emociones y sus ideas.

Observando el dibujo de un niño podemos intuir como discurre su neurodesarrollo, es un reflejo de su mundo que muestra muy bien sus capacidades, como se van desenvolviendo la vista y la habilidad manual, pero también como son los procesos mentales y las emociones del dibujante.

Entonces las características del dibujo discurren paralelas a las etapas del neurodesarrollo. Así que podemos hablar de una etapa sensorio-motora, una etapa del lenguaje y una de la identidad personal.

Etapa del garabato

Del nacimiento hasta los tres años lo que más llama la atención al observar el neurodesarrollo es la rápida progresión de las habilidades sensoriales y motoras.

Garabatos de Mateo a los 15 meses

La mayoría de los niños empiezan a pintar en cuanto son capaces de hacer una prensión cubital, más o menos hacia el año de vida. Cogen el lápiz con toda la palma, la mano cerrada en un puño con el pulgar hacia arriba. Esta postura dificulta la precisión y favorece el dibujo de garabatos sin ninguna forma ni patrón reconocible.

Porque en realidad no está dibujando, sólo experimenta las sensaciones y su habilidad motora con una herramienta que deja huella en el papel. Si le preguntas por uno de esos garabatos unas veces te dirá que es un «nene» y otras, el mismo trazo, será un «coche». Fíjate bien, está pintando sin intención de representar nada y al preguntarle se para, mira su dibujo y sólo entonces encuentra un parecido con algo y te lo dice. Este momento del desarrollo del dibujo se conoce como realismo fortuito.

Poco a poco, a lo largo del próximo año, irá cambiando la empuñadura del lápiz hasta cogerlo entre el pulgar y el índice, la pinza manual fina. Con una mejor precisión y con un sistema visual más evolucionado y mejor coordinado con la mano, trazará líneas cada vez más complejas, irá incorporando el repertorio de formas básicas. Primero, hacia los dos años, las líneas horizontal y vertical; progresivamente el círculo, la cruz, el cuadrado.

Ahora sí intenta dibujar algo concreto. Hacia los tres años explica sus dibujos con claridad, el lenguaje también ha progresado, pero siguen siendo sólo formas geométricas y rayas, nada reconocible, es el realismo frustrado.

Etapa esquemática

Al avanzar el neurodesarrollo se enriquece el léxico y el vocabulario gráfico. Pero entre los tres y los seis años el lenguaje es aún muy simple, como esquemáticas son las representaciones gráficas. A estas edades, los niños tienden a usar una misma forma para cosas diferentes. Por ejemplo, un círculo sirve para la cabeza, los ojos o las manos de una persona, pero también para dibujar la copa y las hojas de un árbol, unas flores o para definir la cabeza, el cuerpo y las patas de una tortuga.

Dibujo de Lucía, 4 años

Desde muy pronto el niño dibuja la figura humana, el tema más frecuente a cualquier edad, cada vez más completa y detallada. Al principio será un monigote con un círculo por cabeza y líneas que representan el tronco y las extremidades, después el monigote se hará sexuado, se irán diferenciando todas las partes del cuerpo y por fin tendrá extremidades dibujadas con un doble contorno, con «volumen».

Hacia los siete años, cuando su repertorio de figuras ya incluye incluso el rombo, la mayoría de niños dibujan la figura humana con todos sus detalles bien diferenciados y en diferentes posturas.

El dibujo se hace cada vez más realista, pero es un realismo infantil, el niño reproduce la realidad como cree que es y no como en efecto es, nos muestra la representación mental que se hace de la realidad. A esta representación se le llama realismo intelectual.

Mujer llorando, Pablo Picasso, 1937
–El pañuelo es transparente y deja ver el llanto–.

Esto se aprecia en sus estrategias de diseño. El niño dibuja el perfil más reconocible de un objeto con los elementos similares diferenciados unos de otros y no en conjunto –el cabello pelo a pelo, las manos dedo a dedo–. Usa distintas perspectivas y puntos de vista en un mismo plano y las figuras no se solapan –los sombreros se colocan encima de la cabeza, tangentes al pelo– ni guardan las proporciones.

Quizá las características del dibujo infantil que mejor nos dejan intuir el mundo que el niño visualiza en su mente sean la transparencia –dibuja lo que está oculto, por ejemplo la fruta dentro de la bolsa de la compra– y el abatimiento –proyecta los objetos sobre el suelo sin tener en cuenta la perspectiva, por ejemplo dibuja a una persona de frente sentada en una mesa y los objetos de la mesa tal y como los ve él desde arriba–.

Yo no pinto lo que veo, pinto lo que pienso.

Pablo Ruíz Picasso

Etapa del realismo

A partir de los ocho años el dibujo del niño se parece cada vez más al del adulto. En esta etapa sí tiene en cuenta lo que ve y empieza a dibujar imitando del natural, es el realismo visual. Sus dibujos tienen una única perspectiva, ya no se ve lo oculto y busca la proporción de los objetos.

Los niños menos dotados para el dibujo se dan cuenta que sus habilidades no les permiten representar fielmente la realidad y empiezan a perder el interés por dibujar.

Si siguen interesados en dibujar, hacia los once años la creatividad se desborda y es máxima.

Etapa de la decisión

Como sucede en el resto de ámbitos, el adolescente tiene que tomar decisiones y el adolescente que dibuja escoge sus temáticas, técnicas y medios de expresión. Las emociones en el adolescente están desbordadas, así que sus dibujos están impregnados de ellas.

No nací aprendido, pero he aprendido desde que nací.

Pablo Ruíz Picasso

Una primera versión de esta entrada la publiqué en el blog de Next Door Publishers en octubre de 2016. Comparaba el desarrollo de la pintura de Picasso con el de los dibujos infantiles.

↬ 2021 ©MJ Mas


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