Los abuelos

🌸 Neurodomingo 2021.24

Mary Cassatt fue una pintora estadounidense (22 de mayo de 1844 – 14 de junio de 1926) que formó parte del grupo de impresionistas que trabajaban en París y sus alrededores. Compartía con ellos su interés en la experimentación y en el uso de colores brillantes inspirados en la naturaleza. En su evolución artística se interesó por un enfoque más simple y directo, lo que alejó su obra del movimiento impresionista.

Su obra, de temática intimista, destaca el papel de la mujer en su época centrado en la maternidad y la crianza de sus hijos. Ella misma tuvo que retirarse un tiempo del mundo del arte para cuidar a su madre y hermana enfermas y sólo retomó su actividad pictórica tras el fallecimiento de su hermana y cuando su madre recuperó la salud. Cassatt retrata a las mujeres en su entorno doméstico cotidiano. Su estilo, directo y honesto, enfatiza la fuerza de lo femenino por encima del sentimentalismo o la dulzura. Y eso me parece que sucede con Katherine Cassatt leyendo a sus nietos.

Me gusta este cuadro porque me recuerda a mis abuelos. Echo en falta su cariño y su sabiduría. Los ratos con mis abuelos fueron siempre momentos de felicidad, de intimidad y ocio, de caprichos y de ternura, pero también de historias de su vida y de su modo de entender el mundo que yo escuchaba con admiración. Aunque no puedo saberlo con certeza, a menudo pienso en lo que dirían o harían al ver el transcurrir de nuestros días y encuentro en sus enseñanzas una referencia para mi propia conducta.

—los abuelos y el neurodesarrollo—

La especie humana, con su doble herencia genética y cultural, depende de la educación e información para sobrevivir. Entre las obligaciones parentales está procurar a los hijos una educación y enseñanzas que los preparen para la vida adulta. Pero en esta tarea los abuelos han tenido desde siempre un papel indispensable como transmisores de los valores tradicionales y deseables. No debe ser casual que la longevidad humana le permita ser la especie con más abuelos vivos cuando nacen sus nietos.

Esta longevidad aumentó de forma significativa hace unos 30.000 años (se calcula que el Homo sapiens tiene una antigüedad de unos 200.000), a partir de ese momento lo habitual era tener abuelos.


Los análisis de los dientes fosilizados de cientos de individuos a lo largo de tres millones de años indican que vivir lo suficiente para alcanzar a ser abuelo se volvió común relativamente tarde en la evolución humana.

La proporción de adultos mayores (en edad de ser abuelos) en cuatro grupos de ancestros humanos –australopitecinos, miembros tempranos del género Homo, neandertales y europeos modernos tempranos– se disparó hace unos 30.000 años.


Los abuelos son la memoria viva del pasado de sus nietos. Fuente de información de primera mano, imprescindible para la transmisión cultural, ya que los primeros sistemas de escritura arcaica –protoescritura– aparecen hace tan sólo unos 8000 años y se trata de ideogramas y símbolos que transmiten información no verbal. La escritura, las inscripciones con contenido lingüístico, surge 2000 años después.

Así que resulta razonable considerar que el aumento poblacional de personas longevas resultó crítico para el desarrollo de la cultura humana.

La revolución de los abuelos

Los humanos tenemos un patrón vital distinto al de otras especies de primates y resto de mamíferos. Nuestro crecimiento físico y capacitación es más lento y tardamos más en alcanzar la edad adulta, pero luego somos más fértiles y longevos. Esto nos permite no sólo acumular información para transmitirla a generaciones futuras, sino también tener sistemas complejos de parentesco y otras redes sociales que son exclusivamente humanas.

En especial es llamativa la enorme duración de la supervivencia femenina tras la menopausia, lo que nos hace intuir que las abuelas tienen un papel fundamental en la crianza de los nietos que influye en la organización social, el aprendizaje y en definitiva en la supervivencia de la especie.

Sólo en la especie humana los padres continúan proporcionando alimento a los hijos tras el destete. La velocidad y habilidad con la que los humanos cazadores-recolectores adultos obtienen alimento es muy superior a la de sus pequeños, así que pueden acumular un excedente de comida para mantener a más de un hijo.

Lo interesante es que esa habilidad y agilidad se mantiene intacta mucho tiempo en las mujeres postmenopáusicas que, sin responsabilidad directa en la cría de hijos pequeños, ayudan a sus propias hijas y sobrinas a alimentar a su descendencia. Esto cobra mayor importancia cuando llega un segundo o tercer hijo, la madre no tiene tanto tiempo para buscar comida ya que debe dedicarlo a amamantar y criar a su vástago más joven. De esta manera las abuelas contribuyen a mejorar la fertilidad de sus hijas y, al mantenerse activas, retrasan además su propio envejecimiento.

Pero no sólo la longevidad femenina contribuye a la supervivencia y crecimiento de la especie, también la inversión de los abuelos en las familias de sus hijos facilita una mayor fertilidad y un aumento poblacional.

El aumento de la longevidad del Homo sapiens no sólo contribuyó al aumento demográfico de la especie, y por tanto a su supervivencia, sino que favoreció su modernización. La expansión de la población humana aumentaría las presiones sociales hacia sistemas más complejos de cooperación y competencia. Se refuerzan las expresiones materiales de identidad grupal e individual y se impulsa la movilidad y los intercambios comerciales, en definitiva la supervivencia de los abuelos sería un factor determinante para la aparición de las innovaciones culturales asociadas con la modernidad.

El papel de los abuelos

Siguen siendo fundamentales para el neurodesarrollo de los nietos, en especial en épocas de crisis como la actual. No sólo son soporte económico vital para muchas familias, sino que con su experiencia transmiten el conocimiento y la sensatez para sobrellevar los momentos duros.

Los abuelos también nos conectan con nuestra historia familiar y personal. Cohesionan la familia extensa por ser el nexo común con tíos, primos y otros parientes. Son guardianes de nuestra propia memoria, de lo momentos compartidos con ellos en nuestra más tierna infancia y que no podemos recordar, y conocen nuestro temperamento y personalidad por ser en gran parte heredados del suyo propio.

Son muchas las cosas que debemos agradecer a nuestros abuelos. Yo me quedo con los gratos recuerdos vividos con los míos, Julián, Elena y Asunción, y con los que me contaron del que nunca conocí, José Miguel. Gracias por traerme hasta aquí, por ser la conexión con esa línea del tiempo que se pierde en la oscuridad de la historia del Homo sapiens.

La crianza, es fundamental para el neurodesarrollo. Lo explico a fondo en «La aventura de tu cerebro». Mi libro sobre el neurodesarrollo que puedes comprar aquí online o en tu librería favorita.

Todos los «neurodomingos».

↬  2021 ©MJ Mas

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