“¡Ha dejado de respirar!” “¡Parecía que se moría!” “¡Estaba azul!” “¡Se quedó encanado!” “¡Se ha privado!” “¡Se ha pasado!”.

Todas estas expresiones describen el terrible susto y la comprensible angustia de los padres ante un llanto interrumpido de forma brusca. Por fortuna la inmensa mayoría de veces estos episodios son benignos, se trata de espasmos del llanto, también llamados

espasmos del sollozo

En este vídeo puedes ver un episodio típico [1:09 min] (aviso: impresiona un poco).

Los espasmos del llanto son bastante frecuentes, hasta el 7% de los niños puede sufrirlos, por eso es conveniente saber qué son, por qué se producen y sobre todo cómo actuar cuando presenciemos uno.

¿Qué son los espasmos del llanto?

Los espasmos del sollozo, o del llanto, son un tipo de trastorno paroxístico no epiléptico. Es decir, un trastorno benigno que no altera el neurodesarrollo y que desaparece con la edad.

Distinguimos dos tipos según el niño se ponga azul o empalidezca –espasmo del llanto cianótico o pálido–, pero en ambos casos se trata de un síncope –pérdida brusca del conocimiento y de la postura– porque el niño no puede recobrar el aliento en medio del llanto.

El primer episodio sucede a edades muy tempranas, tanto como 2 meses de edad, casi siempre alrededor de los 2 años de vida. Con el tiempo desaparecen solos, no necesitan tratamiento, y podemos esperar que sucedan hasta los 6 años de vida, aunque no es habitual que duren tanto. Los espasmos cianóticos son mucho más frecuentes que los pálidos, y un mismo niño puede presentar los dos tipos de espasmos.

¿Qué los provoca y cómo son?

El espasmo, tanto el cianótico o como  el pálido, se produce porque de forma súbita el cerebro no recibe el oxígeno que necesita ya que el niño deja de respirar con el llanto. Esta falta de oxígeno provoca una pérdida de conocimiento y de la postura bruscas que son las que asustan mucho a la familia o a quien lo presencie por primera vez.

El desencadenante del llanto puede ser muy variable. El dolor, un golpe leve en la cabeza, un susto o el miedo suelen ser los más habituales. Pero también la frustración por no conseguir lo que desea puede desencadenarlo.

Lo que sucede después tiene una secuencia característica que permite identificar el espasmo del llanto sin ninguna duda.

1. Empieza con un llanto débil, a veces un leve gemido, que tras unos pocos movimientos respiratorios cesa bruscamente y deja de respirar.

2. Entonces aparece el cambio de color alrededor de los labios, lo más frecuente es que se ponga azul o, menos frecuente, intensamente pálido.

3. Sin recuperar la respiración, el niño pierde la conciencia y se queda con los ojos abiertos y fijos a la vez que empieza a ponerse muy rígido, tanto que puede llegar a doblar la espalda hacia atrás.

4. La mayoría de veces los episodios terminan aquí, duran menos de un minuto –aunque parezca una eternidad– y el niño recupera espontáneamente la conciencia y sigue llorando.

5. En unos pocos casos, el episodio se alarga un poco más y aparecen entonces sacudidas de las cuatro extremidades, una convulsión, e incluso puede hacerse pis o caca encima.

La buena noticia es que siempre recupera la respiración y la conciencia y, aunque se puede quedar decaído unos minutos, no se queda dormido después del episodio a menos que haya sufrido una convulsión completa.

espasmo del llanto

 

Diagnóstico y diagnóstico diferencial

Lo más importante es identificarlos y descartar otras causas que puedan tener una clínica similar. Ante los episodios de espasmo del llanto conviene asegurarnos que no son provocados por problemas respiratorios agudos, la aspiración de un cuerpo extraño o, mucho más raro, un problema cardíaco. La epilepsia es también un diagnóstico a tener en cuenta.

La principal “prueba” diagnóstica es la entrevista con los padres y lo más recomendable intentar grabar los episodios con el vídeo del teléfono móvil (ya que lo tenemos siempre tan a mano…). Hay una cierta predisposición familiar a padecer espasmos del llanto, por lo que no es raro que las abuelas o las tías de los progenitores recuerden casos similares en la familia.

Los espasmos del llanto son tan característicos, que en manos de un especialista experimentado no ofrecen dudas diagnósticas y muy raramente será necesaria una prueba complementaria para ayudar en el diagnóstico. Dependiendo de la sospecha que tenga el especialista podrá realizar un electrocardiograma, un electroencefalograma o una radiografía de tórax. Aunque, insisto, la mayoría de las veces no será necesario hacer ninguna prueba.

Los niño que sufren espasmos del llanto dejan de tenerlos hacia los 6 años de edad. Es verdad que se producen porque el cerebro deja de recibir oxígeno, pero duran tan poquito, menos de un minuto, que no da tiempo a causar ningún daño cerebral.

Son una cosa conocida de antiguo, Hipócrates ya los describió, y podemos afirmar que no aumentan el riesgo de epilepsia ni de muerte súbita ni causan deterioro de las capacidades mentales.

Bueno, vale, os quedáis más tranquilos sabiendo todo esto pero…

¿Qué hacer ante un espasmo del llanto?

Pues básicamente no hay que hacer NADA. En el espasmo del llanto todo sucede muy rápido, menos de un minuto, cede solo y no hay peligro de secuelas. Aquí se cumple aquello de que “es peor el remedio que la enfermedad”.

Hay que estar al lado del niño, acompañarlo durante todo el episodio poniéndolo en un lugar cómodo y seguro para evitar que se golpee. No debemos zarandearlo ni moverlo con brusquedad para que reaccione. Sabemos que se le pasará solo y enseguida.

El único riesgo que hay con los espasmos del llanto es que nuestra actitud los perpetúe. Esto es especialmente probable cuando el llanto está causado por la frustración, es decir la típica rabieta o berrinche porque no consigue lo que quiere. Ante el susto morrocotudo que se llevan los padres lo más fácil, tentador y la respuesta más humana es ceder ante los deseos del niño, “así no le vuelve a pasar más”. Esto es un error.

En el espasmo del llanto el niño tiene una forma “anómala” de llorar que no es voluntaria sino que parece ser debida a una dificultad para iniciar el llanto normal ante una situación inesperada. Como si al empezar a llorar bruscamente el llanto se atragantara en la boca.

Si al acabar de llorar el niño obtiene lo que no consiguió antes, su cerebro asociará esta forma de llorar a la forma de conseguir lo que quiere y adquirirá más fácilmente el hábito de llorar así. Si por el contrario, al acabar el episodio, en el que el adulto le habrá acompañado y dado la seguridad física y emocional de que no pasa nada, no le damos más importancia al asunto es muy probable que facilitemos el aprendizaje de un llanto normal y que estos episodios se extingan antes sin favorecer la aparición de berrinches y rabietas que inevitablemente causa la sobreprotección.

Los espasmos del llanto son síncopes de causa y desenlace benignos que conviene conocer para evitar actitudes diagnósticas, terapéuticas y conductuales contraproducentes.

¿Te ha resultado útil? Pues te invito a compartirlo.

Los comentarios son siempre muy bienvenidos. Pero por favor, recuerda que no son para plantear consultas médicas, para eso tienes a tu pediatra o si prefieres pídeme una cita para vernos en persona.

↬ 2016 © mj mas
___________________________<sobre esta información>

Gráficos: “espasmos del llanto” por @mjmas.

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Acerca de mj mas

Neuropediatra · Ejerzo la Medicina con Ciencia y humanidad. Aquí divulgo sobre el imperfecto cerebro humano.

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  1. Zara dice:

    ¡Hala! ¡Qué interesante! Nunca había oído hablar de este tema. Menudo susto para los que estén cerca del niño!!! Y aunque sólo sea un minuto, si ocurre varias veces al día, ¿no existe riesgo neurológico?
    ¡Gracías!
    Zara

  2. ¡Hola María!
    Me ha parecido muy interesante. De hecho, se lo voy a dar a mi madre para que lo lea, porque yo era de los que lloraba tanto que me daban espasmos y me ponía blanco. Mi madre todavía me lo recuerda, ¡cada vez que ve la leche!. Por lo visto tuve muchos hasta los 3 años. Luego parece que dejé de llorar tanto y se me pasaron.
    ¡Ahora comprendo lo que me pasaba y a ella seguro que le va a gustar!
    Un abrazo

  3. Hola:
    A mi hijo le empezó a pasar sobre los 2 años, como cada vez que se recuperaba nos encontraba a toda la familia alrededor, estos ataques empezaron a repetirse más a menudo. Hablamos con el pediatra y nos comentó que no existía ningún problema, que intentáramos no prestarle atención, y así lo hicimos, cada vez que se despertaba solo estaba yo, serena y tranquila. Creo que lo repitió una vez más, tiene ya casi cinco años y lleva desde los 3 años sin repetirse ningún otro episodio.
    Un saludo y gracias por la información que seguro ayudará a muchos padres.

  4. Carlos dice:

    Buenas. Soy papá de un niño de 5 meses que sufre este tipo de espasmos. Cada médico al que hemos preguntado nos da un remedio distinto, todos ellos de andar por casa: golpes en la espalda, soplar en la cara, gotas de agua fría. También nos dicen lo que usted: que no hay que hacer NADA. ¿No hacer NADA cuando tu bebé deja de respirar y no reacciona? Dado que la ausencia de secuelas es un dato estadístico, y que no quiero que mi hijo sea la excepción que confirme la regla: ¿a partir de qué segundo usted empezaría a intentar estimular a su hijo si se quedara privado y no volviese en sí? Le agradecería un dato científico. Gracias y un saludo.

    • mj mas dice:

      Hola Carlos,
      si el diagnóstico es realmente espasmos del llanto el dato científico es el del artículo: ninguna secuela en ningún caso. Volverá en sí solo sin ningún problema.
      Gracias por el interés en el blog.

Si comentas, todos aprendemos. ¡Gracias!

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