El autismo tiene un origen biológico aunque sus manifestaciones conductuales están moduladas por el entorno.

Esto quiere decir que resulta muy difícil aislar una sola causa que explique el autismo y que, como en cualquier observación del proceso del neurodesarrollo,

los factores biológicos y ambientales participan entrelazándose de forma tan íntima que discernir qué pesa más, la genética o el ambiente, es una ardua y, casi siempre, infructuosa tarea

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