Otoño, luz y patología cerebral

El cerebro y la luz

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El cerebro sirve para adaptarnos al entorno, ajusta su actividad a los cambios ambientales para que nuestras funciones corporales y nuestra conducta sean adecuadas en cada momento.

Las horas de luz diurna y su intensidad son un estímulo externo determinante de la actividad cerebral. De día estamos activos y de noche dormimos, y el cuerpo funciona diferente en cada estado, sometido al ciclo sueño-vigilia.

La duración del día y la noche varía a lo largo del año –sobre todo en las regiones templadas al norte del Trópico de Cáncer y al sur del de Capricornio– porque la traslación de la Tierra alrededor del Sol hace variar las horas de luz solar que recibimos y produce las estaciones, que modifican los ritmos biológicos de todos los seres vivos.

A partir del equinoccio es cuando más se nota el cambio en la duración de la luz solar. En otoño cada 24 horas habrá 3 minutos menos de luz solar hasta llegar al solsticio de invierno, el día con menos horas de luz del año. En primavera sucederá justo lo contrario.

Este cambio gradual de la duración de las horas de luz permite a nuestro reloj interno ajustarse sin dificultades, pero si los cambios son bruscos la adaptación puede ser más difícil. Es lo que sucede en los viajes rápidos a largas distancias y también en los cambios de hora de primavera y otoño.

La disminución de las horas de luz se nota en la consulta de neuropediatría que se llena de cefaleas, epilepsias y tics, y de trastornos del ánimo que pueden acompañar a otros problemas.

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Medicación para el TDAH: efectos a largo plazo

Empecé a ejercer como neuropediatra en enero del 2001 y desde el primer momento el Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad (TDAH) ha ocupado gran parte de mi actividad.

Los pacientes crecen y yo con ellos. A medida que van haciéndose adultos sus preocupaciones cambian y hay dos que se repiten con frecuencia: el manejo de la autoestima y las dudas sobre los efectos de la medicación a largo plazo.

Empezaré hablado sobre esta última. ¿Resolvemos dudas?

Medicación para el TDAH

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«Fármacos para el TDAH» por ©MJ Mas.

Es muy importante recordar que el tratamiento del TDAH es multimodal, que implica a distintos profesionales y modalidades terapéuticas que incluyen el uso de fármacos.

Los fármacos son necesarios para regular el desajuste cerebral que se produce en el TDAH. Los neurotransmisores –sustancias naturales del cerebro que permiten la comunicación entre neuronas– tienen alterado su metabolismo, lo que dificulta y retrasa el desarrollo cerebral.

De los fármacos aprobados para tratar el TDA-H, los más utilizados son el metilfenidato y la atomoxetina. La indicación y la elección del tratamiento farmacólogico es facultad exclusiva del médico, que conviene que tenga experiencia en el diagnóstico y manejo del TDA-H.
Como cualquier medicación, los fármacos para el TDAH tienen efectos secundarios. Los más frecuentes son la pérdida de apetito –anorexia– y la dificultad para conciliar el sueño –insomnio–. También puede aparecer taquicardia y aumento de la tensión arterial, dolor de cabeza, retraso en la ganancia de peso y talla, tics, irritabilidad, tristeza e incluso síntomas psicóticos. La mayoría de estos efectos desaparecen en cuanto se pasa el efecto de la medicación.

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El acoso escolar y la salud mental

acoso escolar

Los niños también tienen enfermedades mentales y sobre todo sufren problemas emocionales cuando aparecen cambios importantes en su vida.

El divorcio de sus padres, la muerte de un ser querido, un familiar con una enfermedad crónica, los problemas económicos de la familia, el fracaso escolar o el rechazo de un amigo… o el de muchos «amigos» o el de un grupo de «compañeros»… sí, estoy hablando del

acoso escolar.

Una situación que merma la salud mental de los niños y sobre la que podemos actuar con celeridad y evitando males mayores. 

Es altamente frecuente que los niños que se atienden en consulta de neuropediatría sufran acoso escolar. Si lo pensamos son el blanco perfecto de los acosadores. Cuando no es por su físico, lo será por su conducta o por la dificultad que tienen para defenderse de estos ataques.

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Parálisis cerebral, en busca del mejor tratamiento

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Muchas de las enfermedades y problemas del neurodesarrollo que ocupan a la neuropediatría –y a los neuropediatras– no tienen una causa tratable. Son patologías crónicas que a menudo también son limitantes.
Ante esto los pacientes y los neuropediatras buscamos novedades terapéuticas que sean realmente efectivas para evitar las que sólo consumen tiempo, ilusión y dinero.

La práctica de la neuropediatría mejora cuando se combina la experiencia clínica personal con la mejor evidencia médica disponible, la basada en la investigación rigurosa.

Con esta idea dedicaré varias entradas a los tratamientos que sirven y los que no. Empezamos por la Parálisis Cerebral Infantil.

Tratamientos para la parálisis cerebral

La Parálisis Cerebral Infantil –PCI– no tiene cura, pero las personas con PCI y sus familias no se conforman –¡y bien que hacen!–. Como todos, ellos también buscan medios para mejorar y superar sus dificultades.

Pero no hay que perder de vista que la PCI es un trastorno crónico y muy complejo en el que conseguir mejoras drásticas es muy poco frecuente, incluso con la cirugía más invasiva. Moderando así nuestras expectativas, es lícito y necesario preguntarse qué tratamientos, avalados por estudios científicos, son más eficaces.

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Tratamiento de la parálisis cerebral infantil

La Parálisis Cerebral Infantil

se produce en 3 de cada 1.000 recién nacidos de los que casi la mitad habrán tenido un nacimiento prematuro

Aunque no hay  un registro oficial del número total de personas con Parálisis Cerebral Infantil (PCI) en España, se calcula que son unas 60.000.

El primer miércoles del mes de octubre es el día mundial de la PCI y es un buen momento para aprender.

Lo que debes saber de la PCI

La PCI es un conjunto de trastornos crónicos de diferentes tipos consecuencia de una lesión o un mal desarrollo de las áreas motoras cerebrales, no es debida a problemas en los músculos o nervios.

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