Desde cierta «prensa» que escucha por igual al charlatán que al que tiene pruebas de lo que funciona, que prefiere la polémica y la acusación falsa antes que informar verazmente, se ha puesto de moda cuestionar enfermedades, hablar de conspiraciones y de experimentos con los niños.


Banalizan tratamientos y frivolizan sobre asuntos tan serios para la salud como el trastorno por déficit de atención hiperactividad –TDAH– o los trastornos del espectro autista –TEA–.

No importa denostar a la Medicina y a los médicos con tal de parecer atrevidos, simpáticos, o entretenidos. De parecer que están enterados de lo que realmente pasa y de que por fin nos van a informar de ello. Pero, lejos de aportar pruebas o de denunciar una mala praxis concreta, esa prensa se dedica a esparcir dudas y a ensalzar supuestos tratamientos que no ayudan a nadie y, a cambio, favorecen el avance del oscurantismo, la pseudociencia y los negocios a costa de los pacientes. Ellos sabrán que intereses hay detrás de su actitud.

Por suerte la Medicina no se escribe en los periódicos sino en las revistas revisadas por pares, y aún así puede haber errores, así que imaginaos lo delicado del asunto…

Iba a escribir para intentar contrarrestar la mala información que ofrecen sobre TDAH o TEA, pero resulta que ya lo he hecho varias veces. Así que he decidido dejarme llevar y me ha salido una entrada más personal, en defensa de mi profesión, la Medicina, y de mis compañeros, los médicos. Seguro que no va a servir para acallar la ignorancia interesada, pero confieso que me ha causado un enorme alivio escribirla.

Espero que no os moleste el toque personal y que sirva para comprender mejor  a quienes tenemos vocación de aliviar la enfermedad y sobre todo a los enfermos.