Distrofia muscular de Duchenne

Cuestiones clave en la distrofia muscular de Duchenne

Las distrofias musculares son un grupo de trastornos que afectan al músculo. No son debidos a inflamaciones del tejido muscular ni hay alteraciones en el sistema nervioso, ni en el central ni en el periférico.

Su origen es genético y es una enfermedad rara que produce debilidad muscular progresiva.

Actualmente no tiene cura, aunque las investigaciones que están en marcha son muy prometedoras.

Fue descrita por primera vez por el médico italiano Gaetano Conte en 1836 en dos hermanos que poco a poco perdían fuerza, siendo incapaces de mantenerse sentados a los 10 años de edad. Injustamente, sus contemporáneos pensaron que la descripción correspondía a la de la tuberculosis, así que pasó desapercibida.

Tampoco tuvo suerte el británico Edward Meyron, en 1852 publicó con gran detalles la clínica de cuatro hermanos que perdieron progresivamente la fuerza hasta fallecer. Meyron pudo hacerles la autopsia y constatar que había una degeneración grasa en los músculos voluntarios sin encontrar afectación del sistema nervioso.

Fue la fama previa del neurólogo Guillaume Duchenne la que facilitó que la descripción del primer caso que trató con distrofia muscular en 1868, pasara a la historia con su nombre. Él llamó a la distrofia muscular «parálisis muscular pseudohipertrófica», si sigues leyendo sabrás el porqué de tal nombre.

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Calor y enfermedad neurológica en la infancia

El calor empeora la enfermedad

Como somos animales homeotermos, nuestro organismo cuenta con un complejo, pero eficaz, sistema de termorregulación que nos permite mantener la temperatura corporal estable entre entre 36’7 y 37 °C.

Sin embargo cuando hay una ola de calor, el cuerpo tiene problemas para liberar el exceso de calor, el hipotálamo pierde su capacidad termorreguladora y el organismo sufre una temperatura peligrosamente elevada. Es el golpe de calor. Los niños, los enfermos crónicos y los ancianos, son especialmente vulnerables a las altas temperaturas.

Los niños que padecen problemas neurológicos tienen aún mayor riesgo de sufrir las consecuencias del calor extremo. Es conveniente conocer como el calor puede empeorar las enfermedades neurológicas de la infancia.

Personas más vulnerables a las altas temperaturas

Cuando la temperatura es extrema, debe tenerse especial cuidado con los niños –aún no han madurado todos los mecanismos de regulación–, los enfermos crónicos –pueden tener alterados estos mecanismos– y los ancianos –pierden la capacidad normal de regular su temperatura–.

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