cuando se detiene o no se completa la adquisición de las habilidades que contribuyen a la inteligencia global de la persona hablamos de

trastorno del desarrollo intelectual.


La complejidad de las funciones mentales es un reflejo de la del propio cerebro.
Aprender, recordar y utilizar las habilidades adquiridas para responder ante cualquier situación, caracteriza la inteligencia humana.
El proceso de adquisición de estas habilidades – neurodesarrollo – dura toda la infancia y requiere una estructura cerebral íntegra, que funcione correctamente, y un ambiente que favorezca el aprendizaje.
Cualquier interferencia en el neurodesarrollo puede causar un retraso, un rendimiento inferior al de los otros niños de su edad. Si la causa que lo produce es corregible y tratable, con la actuación adecuada puede mejorarse el rendimiento intelectual. Cuando no sea así, la discapacidad será definitiva y las dificultades intelectuales y de adaptación social estarán presentes toda la vida.
Por eso es imprescindible la detección precoz del retraso en el neurodesarrollo. Ante cualquier sospecha conviene consultar a una neuropediatra, la especialista en neurodesarrollo,