Es innegable que existe una asociación entre el autismo, mejor el Trastorno en el espectro autista (TEA), y la epilepsia. Los niños con TEA tienen una probabilidad algo más alta de tener epilepsia que nos que no lo tienen, y entre los niños con epilepsia es más probable encontrar autismo que entre la población general.
Por tanto, es frecuente que el autismo y la epilepsia coincidan en una misma persona.
Hoy en día tenemos más que claro que el autismo es la expresión visible de una construcción anómala de la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso. Es pues un trastorno del neurodesarrollo de origen biológico. Pero no siempre fue así.
Gracias a la epilepsia se estudió mejor el autismo
Todavía sigue vigente la descripción inicial del autismo, hecha por Kanner en 1943. Entonces predominaban las hipótesis de Freud, que atribuían a los «traumas psíquicos» de los primeros años de vida el desarrollo de cualquier trastorno mental. En el caso concreto del autismo esos supuestos traumas serían debidos a una crianza parental inadecuada, lo que señalaba a los padres como causantes del trastorno. Podemos imaginar el sufrimiento que esta afirmación causó en estas familias.




Por María José Mas