Queridos maestros: los niños con TDAH os necesitan

La medicación para el Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad –TDAH– mejora la atención, pero no los procesos de aprendizaje, que son distintos a los de otros niños.

El tratamiento que se ha mostrado más eficaz para el TDAH es la combinación de fármacos específicos con terapia cognitivo conductual. Lo que más llama la atención en el TDAH son sus síntomas nucleares –la falta de atención, el no parar quieto y la impulsividad, combinados entre sí con distinta intensidad–, y con la terapia indicada suele conseguirse mejoría.

Sin embargo yo creo que el quid de la cuestión está en comprender los procesos mentales de los niños con TDAH, de esto se habla poco y es el origen de la incomprensión y de la mayoría de los problemas que se generan. Por eso me he decidido a escribir esta entrada, para ayudar a los docentes a comprender estos procesos y adaptar la manera de enseñar atendiendo a esas diferencias.

Desconocemos qué causa el TDAH y como se producen sus síntomas. Aunque tenemos pruebas que indican que el origen puede ser genético y estudios anatómicos que encuentran diferencias en el tamaño de distintas estructuras del encéfalo, no tenemos certezas. Así que el diagnóstico es todavía clínico y se basa en en la observación de la conducta del niño.

Esta circunstancia y la gran variabilidad clínica propia del TDAH no ayudan a su comprensión, al contrario alientan falsas controversias interesadas que llegan a la opinión pública y generan dudas a las familias, a los docentes y a la sociedad en general.

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Educar sobre epilepsia y convulsiones

que hacer en una convulsion

Por definición, las personas con epilepsia son las más propensas a sufrir crisis, pero las convulsiones pueden tener muchas otras causas: traumatismos, infecciones banales, graves, la fiebre… Por eso hasta el 10% de las personas podría sufrir una convulsión en algún momento de su vida.

Aunque ni todas las convulsiones son epilepsia ni todas las epilepsias convulsionan, lo cierto es que la convulsión –que es una contracción intensa e involuntaria de un grupo de músculos o de todos los músculos del cuerpo– asusta muchísimo. Hasta el punto de que lo normal es quedarse sin saber qué hacer.

Ese miedo normal a lo desconocido hace que muchos niños con epilepsia sientan aún el estigma de la enfermedad y, además de las crisis, padecen rechazo. Por desgracia lo compruebo a menudo en la consulta de neuropediatría.

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