
Aprender, recordar y actuar, podríamos decir que esas son las bases del éxito del cerebro humano. Porque su principal misión es adaptarse a su entorno para sobrevivir con éxito. Y cuando aprende se modifica.
Todos los niños tienen capacidad de aprender, cada uno la suya, y si el entorno es favorable y se le transmiten los conocimientos adecuados el éxito está asegurado. Cada uno de nosotros somos el resultado de una doble herencia, la genética y la cultural. Educar es muchas cosas, pero sobre todo es proporcionar los medios necesarios para que un niño afiance su autoestima y desarrolle todas sus capacidades.
El neurodesarrollo humano se produce por la interacción entre las capacidades del niño y las oportunidades de aprendizaje que se le ofrecen.
Educar no es fácil y no es lo mismo que enseñar. Son los padres los que educan y en ese educar se vuelca todo el amor del mundo, todos los esfuerzos porque florezca en un hijo su autonomía personal, la seguridad en sí mismo y la defensa de su dignidad respetando la de los demás.
Los niños necesitan sentirse seguros, saber qué se espera de ellos, lo que está bien y lo que está mal.

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Por María José Mas