El síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo debido a anomalías en la formación de las complejísimas redes neuronales que rigen la conducta.
En la mayoría de casos no puede determinarse la causa, resultando normales todas las pruebas complementarias realizadas. Su diagnóstico es por tanto clínico, basándose en sus manifestaciones que son muy variables tanto en complejidad como en gravedad, y requiere de un profesional con experiencia en el problema.
La Dra. Isabelle Rapin, una pionera de la neuropediatría, y un referente científico para el estudio del autismo, ha fallecido el pasado mes de mayo a la edad de 89 años.
Una noticia que entristece a los neuropediatras de todo el mundo.
Permitidme un post a modo de humilde homenaje en su memoria, en este blog dedicado a la neuropediatría.
Durante su larga y productiva carrera, la Dra. Rapin consiguió mejorar nuestro conocimiento de los trastornos del espectro autista, convirtiéndose en decana y referente del autismo.
Las personas con un Trastorno en el espectro del autismo –TEA–muestran frecuentemente reacciones y comportamientos que resultan incomprensibles para los demás.
Sus dificultades en la comunicación les impiden expresar el porqué de su conducta, que a menudo tiene que ver con alteraciones en el procesamiento sensorial, lo que se conoce como
Muchos niños con TEA, perciben diferente los estímulos externos: sonidos, imágenes, olores…
Las alteraciones sensoriales en los niños con autismo pueden ser por déficit o por exceso de sensibilidad.
Algunos niños perciben con intensidad intolerable sensaciones que son normales para los demás, y les molestan tanto que les impiden seguir con su actividad normal. Otros quedan ensimismados en estímulos concretos que les resultan fascinantes. También hay quien tolera muy bien el dolor, el frío o la sensación de hambre lo que le hace parecer insensible a estos estímulos.
Es muy importante valorar la visión y la audición siempre que se detecte un TEA, para corregir los posibles déficits que interferirían aún más en su neurodesarrollo.
En la mayoría de niños, estas alteraciones de la percepción disminuyen o desaparecen al alcanzar la edad adulta, quizá porque se acostumbran o porque realmente mejoran.
Por María José Mas