El talento del TDAH, lo que oculta la hiperactividad

La mayoría de niños con Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad –TDAH– se sienten inseguros y con la autoestima muy baja.

cerebro con tirita de neuronas en crecimiento

Suelen acudir por primera vez a la consulta pensando que tienen poca capacidad, que son vagos o que no podrán aprobar aunque se esfuercen.

Y eso es así porque esa es su experiencia antes del diagnóstico y antes del tratamiento.

Las notas y el TDAH

Tras acabar el curso suelo hacer una visita a los niños con TDAH para valorar como ha ido y como han sido sus resultados académicos. Una de las principales preocupaciones en padres y niños.
Y tengo que decir que cuando la medicación funciona y el maestro se implica, así son las anotaciones que escribo en sus cursos clínicos:

“… hay una mejoría evidente en su rendimiento escolar, ha aprobado todo (o casi todo), también de su autoestima y de la seguridad en sí mismo. Él y sus padres están muy contentos.”

Ellos están muy contentos y yo también. ¡Son unos luchadores! Pero, ¿qué ha pasado?

Simplemente que hemos detectado el problema que le impedía demostrar sus capacidades y su valía. Ahora recibe la atención merecida y su talento reluce. En otras palabras, el niño ya era así de capaz, pero su TDAH le impedía demostrarlo.

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La depresión infantil

Los niños también sufren depresión

riesgo suicidio

¿Sabrías identificar la depresión infantil?
La depresión en la infancia tiene síntomas distintos a los del adulto y a menudo pasa desapercibida porque no pensamos en ella o se confunde con otros problemas que pueden ser consecuencia del estado de ánimo.

Para identificar un problema es necesario conocerlo. Y aunque este es un problema de salud mental, también atañe a la neurología infantil ya que se asocia frecuentemente a otros problemas o incluso es origen de ellos.
¿Intentamos conocer un poco mejor la depresión infantil?

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Otoño, luz y patología cerebral

El cerebro y la luz

otono-luz-cerebro

El cerebro sirve para adaptarnos al entorno, ajusta su actividad a los cambios ambientales para que nuestras funciones corporales y nuestra conducta sean adecuadas en cada momento.

Las horas de luz diurna y su intensidad son un estímulo externo determinante de la actividad cerebral. De día estamos activos y de noche dormimos, y el cuerpo funciona diferente en cada estado, sometido al ciclo sueño-vigilia.

La duración del día y la noche varía a lo largo del año –sobre todo en las regiones templadas al norte del Trópico de Cáncer y al sur del de Capricornio– porque la traslación de la Tierra alrededor del Sol hace variar las horas de luz solar que recibimos y produce las estaciones, que modifican los ritmos biológicos de todos los seres vivos.

A partir del equinoccio es cuando más se nota el cambio en la duración de la luz solar. En otoño cada 24 horas habrá 3 minutos menos de luz solar hasta llegar al solsticio de invierno, el día con menos horas de luz del año. En primavera sucederá justo lo contrario.

Este cambio gradual de la duración de las horas de luz permite a nuestro reloj interno ajustarse sin dificultades, pero si los cambios son bruscos la adaptación puede ser más difícil. Es lo que sucede en los viajes rápidos a largas distancias y también en los cambios de hora de primavera y otoño.

La disminución de las horas de luz se nota en la consulta de neuropediatría que se llena de cefaleas, epilepsias y tics, y de trastornos del ánimo que pueden acompañar a otros problemas.

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