El síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo debido a anomalías en la formación de las complejísimas redes neuronales que rigen la conducta.
En la mayoría de casos no puede determinarse la causa, resultando normales todas las pruebas complementarias realizadas. Su diagnóstico es por tanto clínico, basándose en sus manifestaciones que son muy variables tanto en complejidad como en gravedad, y requiere de un profesional con experiencia en el problema.
Una asociación científica de neuropsicólogos de ámbito español que, sin ánimo de lucro, han creado un interesante grupo de trabajo donde priorizan el compartir conocimientos, las buenas prácticas y crear redes.
Me pidieron que hablara de:
«Factores de riesgo cognitivo en el neurodesarrollo»
Gracias a Iban Onandia, responsable de la vocalía clínica de infantil, por contactar conmigo y gestionar mi estancia, a toda la Junta Directiva por invitarme y a todos los asistentes por su amable acogida.
Participé también en la mesa redonda infantil que compartí con Juan Carlos Arango –neuropsicólogo investigador en el Hospital de Cruces– y Cristina Boix –neuropsicólogo del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona–.
He tenido el gusto de charlar con neuropsicólogos de toda España e intercambiar con ellos inquietudes y preocupaciones tanto clínicas, asistenciales y de investigación, como de dificultades en el acceso a los recursos y la formación de redes multidisciplinares. Os dejo un
Resumen de la charla
El recién nacido humano apenas tiene autonomía, de pronto su sistema nervioso se encuentra inmerso en un caos de sensaciones y deberá desempeñar nuevas tareas para las que necesita estar muy bien organizado. Y así es, ya que cada una de las partes del sistema nervioso se especializa en desempeñar una función concreta que a su vez se integra con todas las demás, ajustándose a un orden jerárquico para funcionar de forma coordinada y unitaria.
Sólo el 50% de las PCI tiene una causa demostrable
La Parálisis Cerebral Infantil –PCI– es una lesión del cerebro inmaduro, permanente y no progresiva, que afecta a la postura y al movimiento.
Los avances médicos en los cuidados intensivos de los recién nacidos han aumentado la supervivencia de aquellos más susceptibles a sufrir una lesión cerebral –como los niños nacidos prematuramente–, o de los que ya la han padecido antes de nacer –como los que tuvieron un infarto cerebral prenatal–.
Por eso, a pesar de esos avances, el número de niños con PCI no ha variado mucho en los últimos 30 años y se calcula que la padecerán 2 de cada 1000 recién nacidos.
Como hemos dicho, sólo conoceremos la causa en la mitad de los niños con PCI, pero podemos detectarla precozmente identificando ciertos factores de riesgo.
Nuestro cerebro es un prodigio de la adaptación. Probablemente el cerebro humano es el órgano de la naturaleza mejor dotado para adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades.
Adaptarse exige un aprendizaje y para aprender hay que recordar. Aunque nuestra capacidad de aprender es innata, nuestros aprendizajes no. Los aprendizajes son el fruto de la continua interacción entre nuestras capacidades y nuestro entorno, modifican las conexiones y la estructura íntima de nuestro cerebro y desde el momento en que nacemos estamos ya aprendiendo, aunque no lo recordemos.
Aprendemos de nuestras experiencias, que sobre todo surgen de nuestra relación con los demás. Porque en cierto modo los demás nos construyen y forman parte de cada uno de nosotros, como cada uno forma parte de aquellos con los que se relaciona.
En su continua adaptación el cerebro necesita olvidar. Recuerda sólo aquello que le emociona, que le es útil o le hace falta en su día día…
Os dejo aquí dos entrevistas que me hicieron la semana pasada a propósito de la conferencia que hice en La Domus de La Coruña sobre «Las vacunas que causan autismo».
En la primera, José Gerardo Fernández de Radio Intereconomía La Coruña [minuto 72:20], me entrevista para el programa
Por María José Mas