En unos pocos días hay que dar cuentas de lo trabajado durante todo el curso y aparecen los nervios.
Los niños se enfrentan a una época de estrés y cansancio en la que a mayor edad y exigencia, mayores los nervios.
Temas más largos y difíciles que exigen una mayor capacidad para organizar las tareas, para mantener la concentración, para atender a los detalles y evitar el error.
Es fácil que aparezcan insomnio, dolores de cabeza o empeoren problemas como el déficit de atención –TDAH– y con ellos la preocupación de los padres por la salud de sus hijos.
Muchas de las consultas que me llegan por dolor de cabeza empiezan así: «Hola Dra., le traigo al niño porque le duele mucho la cabeza. Ya le he llevado al oculista y la vista está bien…»
¡Efectivamente!
La experiencia clínica nos dice que para que un problema de visión cause dolor de cabeza, el defecto debe ser muy grave. Y entonces, el niño se quejará antes de que no ve que de dolor de cabeza.
Sin embargo, muy a menudo los niños con dolor de cabeza visitan al oftalmólogo antes que al neuropediatra. Las razones son variadas y son debidas a percepción del paciente, pero también del médico.
La mayoría de niños con Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad –TDAH– se sienten inseguros y con la autoestima muy baja.
Suelen acudir por primera vez a la consulta pensando que tienen poca capacidad, que son vagos o que no podrán aprobar aunque se esfuercen.
Y eso es así porque esa es su experiencia antes del diagnóstico y antes del tratamiento.
Las notas y el TDAH
Tras acabar el curso suelo hacer una visita a los niños con TDAH para valorar como ha ido y como han sido sus resultados académicos. Una de las principales preocupaciones en padres y niños. Y tengo que decir que cuando la medicación funciona y el maestro se implica, así son las anotaciones que escribo en sus cursos clínicos:
“… hay una mejoría evidente en su rendimiento escolar, ha aprobado todo (o casi todo), también de su autoestima y de la seguridad en sí mismo. Él y sus padres están muy contentos.”
Ellos están muy contentos y yo también. ¡Son unos luchadores! Pero, ¿qué ha pasado?
Simplemente que hemos detectado el problema que le impedía demostrar sus capacidades y su valía. Ahora recibe la atención merecida y su talento reluce. En otras palabras, el niño ya era así de capaz, pero su TDAH le impedía demostrarlo.
Por María José Mas