Cerebro y luz de otoño

🍁 Neurodomingo 2021.38

En vida, Georges de La Tour (1593-1652), fue un pintor muy famoso que trató los temas propios del Barroco –religiosos, escenas de género o de devoción– con un estilo muy personal y fácilmente reconocible.

Pintor tenebrista –como Caravaggio o Ribera–, el tratamiento que hace de la luz permite distinguir dos etapas en su obra: en la primera los cuadros son «diurnos» y el foco de la luz, impreciso; en la segunda se vuelven «nocturnos», iluminados por una vela, una bujía o una antorcha. La composición de sus cuadros es casi geométrica y su paleta prácticamente monocroma con predominio del blanco y el morado en las escenas diurnas y del rojo y el negro en las nocturnas.

Tras su muerte, La Tour cayó en el olvido, y no fue hasta el siglo XX en que su obra fue redescubierta… ¿Cuántos genios habrán acabado así?

En esta, La Magdalena penitente de la lamparilla (o Madeleine Terff) mira absorta la vela en un ambiente oscuro, pero acogedor, que invita a la reflexión y que a mí me sugiere la llegada del otoño, mi estación favorita.

—luz y cerebro—

El otoño es la estación más dulce, las flores que perdemos las ganamos en frutos.

Samuel Butler
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Otoño, luz y patología cerebral

El cerebro y la luz

otono-luz-cerebro

El cerebro sirve para adaptarnos al entorno, ajusta su actividad a los cambios ambientales para que nuestras funciones corporales y nuestra conducta sean adecuadas en cada momento.

Las horas de luz diurna y su intensidad son un estímulo externo determinante de la actividad cerebral. De día estamos activos y de noche dormimos, y el cuerpo funciona diferente en cada estado, sometido al ciclo sueño-vigilia.

La duración del día y la noche varía a lo largo del año –sobre todo en las regiones templadas al norte del Trópico de Cáncer y al sur del de Capricornio– porque la traslación de la Tierra alrededor del Sol hace variar las horas de luz solar que recibimos y produce las estaciones, que modifican los ritmos biológicos de todos los seres vivos.

A partir del equinoccio es cuando más se nota el cambio en la duración de la luz solar. En otoño cada 24 horas habrá 3 minutos menos de luz solar hasta llegar al solsticio de invierno, el día con menos horas de luz del año. En primavera sucederá justo lo contrario.

Este cambio gradual de la duración de las horas de luz permite a nuestro reloj interno ajustarse sin dificultades, pero si los cambios son bruscos la adaptación puede ser más difícil. Es lo que sucede en los viajes rápidos a largas distancias y también en los cambios de hora de primavera y otoño.

La disminución de las horas de luz se nota en la consulta de neuropediatría que se llena de cefaleas, epilepsias y tics, y de trastornos del ánimo que pueden acompañar a otros problemas.

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Otoño y epilepsia

otoño y epilepsiaLa epilepsia es una enfermedad crónica del cerebro que causa episodios de alteración repentina y transitoria de sus funciones, episodios que llamamos crisis.

Hay ciertas circunstancias que favorecen la aparición de las crisis y entre ellas encontramos algunas estaciones del año, otoño y primavera.

La epilepsia es muy frecuente en la infancia, aproximadamente 1 de cada 100 niños va a padecer epilepsia. Afortunadamente en la mayoría de los casos es de tipo benigno y está relacionada con el desarrollo cerebral, por lo que desaparecerá con la edad.

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