Cualquier interferencia en el neurodesarrollo puede causar un retraso, un rendimiento inferior al de los otros niños de su edad. Si la causa que lo produce es corregible y tratable, con la actuación adecuada puede mejorarse el rendimiento intelectual. Cuando no sea así, la discapacidad será definitiva y las dificultades intelectuales y de adaptación social estarán presentes toda la vida. Por eso es imprescindible la detección precoz del retraso en el neurodesarrollo. Ante cualquier sospecha conviene consultar a una neuropediatra, la especialista en neurodesarrollo,que estudiará la causa del retraso y si tiene tratamiento, lo iniciará cuanto antes. También detectará si hay asociados otros problemas del neurodesarrollo, que en las personas con discapacidad son hasta 4 veces más frecuentes que en la población general.
Muchas de las consultas que me llegan por dolor de cabeza empiezan así: «Hola Dra., le traigo al niño porque le duele mucho la cabeza. Ya le he llevado al oculista y la vista está bien…»
¡Efectivamente!
La experiencia clínica nos dice que para que un problema de visión cause dolor de cabeza, el defecto debe ser muy grave. Y entonces, el niño se quejará antes de que no ve que de dolor de cabeza.
Sin embargo, muy a menudo los niños con dolor de cabeza visitan al oftalmólogo antes que al neuropediatra. Las razones son variadas y son debidas a percepción del paciente, pero también del médico.
y puede aparecer muy pronto, incluso antes de los 2 años. La migraña es un tipo de cefalea que se repite periódicamente.
En edades muy tempranas en vez de dolor puede haber otros síntomas: vómitos cíclicos, episodios de palidez, de vértigo o de marcha inestable. Recientemente se ha encontrado que los cólicos del lactante aumentan el riesgo de migraña en edades posteriores.
En los niños más mayores y en los adolescentes, el dolor es el síntoma central de la migraña, aunque sus características pueden diferir de las de la migraña del adulto.
La mayoría de niños con Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad –TDAH– se sienten inseguros y con la autoestima muy baja.
Suelen acudir por primera vez a la consulta pensando que tienen poca capacidad, que son vagos o que no podrán aprobar aunque se esfuercen.
Y eso es así porque esa es su experiencia antes del diagnóstico y antes del tratamiento.
Las notas y el TDAH
Tras acabar el curso suelo hacer una visita a los niños con TDAH para valorar como ha ido y como han sido sus resultados académicos. Una de las principales preocupaciones en padres y niños. Y tengo que decir que cuando la medicación funciona y el maestro se implica, así son las anotaciones que escribo en sus cursos clínicos:
“… hay una mejoría evidente en su rendimiento escolar, ha aprobado todo (o casi todo), también de su autoestima y de la seguridad en sí mismo. Él y sus padres están muy contentos.”
Ellos están muy contentos y yo también. ¡Son unos luchadores! Pero, ¿qué ha pasado?
Simplemente que hemos detectado el problema que le impedía demostrar sus capacidades y su valía. Ahora recibe la atención merecida y su talento reluce. En otras palabras, el niño ya era así de capaz, pero su TDAH le impedía demostrarlo.
Por María José Mas