En unos pocos días hay que dar cuentas de lo trabajado durante todo el curso y aparecen los nervios.
Los niños se enfrentan a una época de estrés y cansancio en la que a mayor edad y exigencia, mayores los nervios.
Temas más largos y difíciles que exigen una mayor capacidad para organizar las tareas, para mantener la concentración, para atender a los detalles y evitar el error.
Es fácil que aparezcan insomnio, dolores de cabeza o empeoren problemas como el déficit de atención –TDAH– y con ellos la preocupación de los padres por la salud de sus hijos.
El Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad (TDAH)
Es el más frecuente de los trastornos del neurodesarrollo, ocurre en aproximadamente el 5% de los niños. La característica más visible, e imprescindible para el diagnóstico, es la dificultad en atender y permanecer concentrado en una tarea, académica o no. También puede aparecer inquietud motora e impulsividad.
Estos síntomas varían según sea la edad del niño e influye mucho la motivación que provoca la tarea que ha de realizar. Por eso deben deben manifestarse al menos en dos ambientes diferentes (por ejemplo en casa y en el colegio) o más (por ejemplo, también en la práctica de deporte).
No todos los niños muestran la misma intensidad en todos los síntomas. Así unos son más movidos e impulsivos, y resulta más fácil detectar el problema, y otros más inatentos.
Los niños, o niñas, que muestran un patrón predominantemente inatento suelen consultar por otros motivos. Voy a ilustrarlo con una pequeña historia que bien podría ser real…
Necesito explicaros lo que son los períodos críticos del neurodesarrollo, solo así se entiende mejor lo importante que es la detección precoz de los problemas.
La valoración del neurodesarrollo, las revisiones del niño sano, los signos de alarma… Todos los pediatras conocen bien la importancia de comprobar que el neurodesarrollo de un niño es el adecuado a su edad.
Cuando un niño se retrasa en andar o en hablar o su interacción social es anómala, saltan las alarmas. Es necesario consultar con el pediatra para valorar si hay realmente un problema o simplemente es un retraso madurativo.
Ante cualquier duda es imprescindible que el niño sea derivado a un centro de atención temprana, donde será valorado por una neuropediatra, que profundizará mejor en el origen de sus problemas, y se diseñará una atención individualizada según las dificultades que presente.
Cuanto más se retrase la atención al niño que tiene problemas, más difícil será ayudarle a mejorar. Y eso es debido a qué existen unos períodos críticos para cada aprendizaje. Pero
¿Qué son los períodos críticos?
El término neurodesarrollo hace referencia a la adquisición durante la infancia de las funciones propias de nuestra especie, las que nos resultan imprescindibles para adaptarnos al medio y para nuestra supervivencia.
La atención compartida es la capacidad de participar en el interés de otro. Respondiendo a su mirada, gestos o lenguaje, dirigimos nuestra atención hacia lo que se la ha llamado a él.
La capacidad de compartir la atención no es innata, se adquiere en los primeros meses de vida y su ausencia puede ser indicativa de un problema en el neurodesarrollo.
Tiene especial interés en la detección precoz del autismo, y me parece importante que conozcamos con más detalle en que consiste.
Por María José Mas