y puede aparecer muy pronto, incluso antes de los 2 años. La migraña es un tipo de cefalea que se repite periódicamente.
En edades muy tempranas en vez de dolor puede haber otros síntomas: vómitos cíclicos, episodios de palidez, de vértigo o de marcha inestable. Recientemente se ha encontrado que los cólicos del lactante aumentan el riesgo de migraña en edades posteriores.
En los niños más mayores y en los adolescentes, el dolor es el síntoma central de la migraña, aunque sus características pueden diferir de las de la migraña del adulto.
¿Sabrías identificar la depresión infantil? La depresión en la infancia tiene síntomas distintos a los del adulto y a menudo pasa desapercibida porque no pensamos en ella o se confunde con otros problemas que pueden ser consecuencia del estado de ánimo.
Para identificar un problema es necesario conocerlo. Y aunque este es un problema de salud mental, también atañe a la neurología infantil ya que se asocia frecuentemente a otros problemas o incluso es origen de ellos. ¿Intentamos conocer un poco mejor la depresión infantil?
Los dolores de cabeza en los niños generan una gran preocupación en sus padres.
Si el dolor dura varios días seguidos o si ocurre de forma episódica, se trata de una cefalea crónica y es conveniente que sea valorada por la neuropediatra para determinar su causa y descartar problemas graves.
El diagnóstico de la causa de cefalea se hace mediante la historia clínica y la exploración neurológica.
En el momento de la visita es frecuente que el niño no tenga molestias y que no recuerde bien las características del dolor de cabeza.
Rellenar un documento –calendario, agenda o diario de cefalea– recogiendo estas características y sus circunstancias y llevarlo en el momento de la visita a neuropediatría, resulta de utilidad para facilitar el diagnóstico y decidir mejor el tratamiento.
¿Qué hay que anotar?
la fecha y la hora del día en que empieza el dolor
si el inicio es brusco o va aumentando progresivamente
la zona de la cabeza que le duele
si hay algo que desencadene el dolor
si el dolor impide hacer su actividad habitual
si durante el episodio le molesta la luz o los ruidos
La migraña es una enfermedad crónica que puede aparecer a cualquier edad. Aunque la probabilidad de sufrirla aumenta con la edad, hasta un 20% de los niños con migraña tiene su primer ataque antes de los 5 años.
El dolor de cabeza preocupa mucho y el diagnóstico de migraña suele ser un alivio.
Pero tras el diagnóstico la siguiente preocupación de los padres es saber como evitar una nueva crisis de migraña y todos los niños desearían no volver a sufrirla.
Muchos creen que eliminando el chocolate el asunto está resuelto. Lo que deja a los pobres niños en un dilema… porque el chocolate les encanta.
¿Qué hay de cierto? Vamos a hablar en esta entrada del
Riesgo de tener migraña
Ciertas circunstancias aumentan la probabilidad de una persona de sufrir migraña. Unas serán ineludibles, características de la persona que no pueden modificarse, y otras se pueden evitar si se identifican.
Y ahí está la clave, en intentar identificar las circunstancias que provocan una crisis de migraña y que se pueden evitar. Estas circunstancias no son la causa de la migraña, que es desconocida hasta ahora, pero en algunas personas sí se asocian a una mayor probabilidad de que se desencadene un episodio migrañoso.
El cerebro sirve para adaptarnos al entorno, ajusta su actividad a los cambios ambientales para que nuestras funciones corporales y nuestra conducta sean adecuadas en cada momento.
Las horas de luz diurna y su intensidad son un estímulo externo determinante de la actividad cerebral. De día estamos activos y de noche dormimos, y el cuerpo funciona diferente en cada estado, sometido al ciclo sueño-vigilia.
La duración del día y la noche varía a lo largo del año –sobre todo en las regiones templadas al norte del Trópico de Cáncer y al sur del de Capricornio– porque la traslación de la Tierra alrededor del Sol hace variar las horas de luz solar que recibimos y produce las estaciones, que modifican los ritmos biológicos de todos los seres vivos.
A partir del equinoccio es cuando más se nota el cambio en la duración de la luz solar. En otoño cada 24 horas habrá 3 minutos menos de luz solar hasta llegar al solsticio de invierno, el día con menos horas de luz del año. En primavera sucederá justo lo contrario.
Este cambio gradual de la duración de las horas de luz permite a nuestro reloj interno ajustarse sin dificultades, pero si los cambios son bruscos la adaptación puede ser más difícil. Es lo que sucede en los viajes rápidos a largas distancias y también en los cambios de hora de primavera y otoño.
Por María José Mas