Las personas con trastorno por déficit de atención hiperactividad (TDAH) se enfrentan a obstáculos y dificultades a lo largo de toda su vida.
El camino de la vida no es recto para ninguno de nosotros, todos debemos esforzarnos para superar nuestras carencias y limitaciones. Dominar nuestros defectos, asumir responsabilidades, potenciar y crecer en lo mejor que sabemos y queremos hacer.
Pero si se padece TDAH esto es aún más complicado. De todos los hitos del camino que deben alcanzar y superar me atrevería a destacar cuatro.
Los que nos dedicamos a atender a niños con trastorno por déficit de atención hiperactiviad (TDAH), insistimos en que se trata de un trastorno del neurodesarrollo.
Afecta al menos al 5% de la población escolar causando dificultades para dirigir y mantener la atención en una tarea, excesiva inquietud motriz y a menudo también impulsividad.
Todo esto dificulta el buen desempeño académico y trastorna la dinámica familiar.
Quien lo tiene sufre por incomprensión y porque se siente fracasar, es muy frecuente que su autoestima esté muy baja.
Aunque no conocemos exactamente los mecanismos que provocan estas dificultades que llamamos TDAH, sí que sabemos que hay una inmadurez anatómica concordante con la inmadurez en la conducta.
Las técnicas de neuroimagen, los estudios neurofisiológicos y metabólicos nos van permitiendo saber cada vez más, aunque todavía no dispongamos de marcadores biológicos fiables.
Trastornos del neurodesarrollo: ¿comorbilidad o coincidencia?
Me molesta esa «retahíla» de diagnósticos con la que se adornan los informes de los niños con dificultades en el neurodesarrollo. Cada uno de ellos con su código CIE-9 (DSM-5 o CIE-10 los más actualizados) que si 314.1 (TDA-H), que si 299.0 (Asperger y otras formas de autismo)… ¡Cuánto mal hace esa manía clasificatoria!
¿Quiere esto decir que no haya trastornos bien definidos? No, simplemente quiere decir que sabemos poco sobre esos trastornos. Y aquí es donde entra el meollo de la comorbilidad.
En esta entrada voy a profundizar sobre la comorbilidad –coincidencia de varias enfermedades en una misma persona– en los trastornos del neurodesarrollo.
Advierto que voy a dar aquí mi opinión profesional, basada en lo que yo sé sobre neurodesarrollo, teorizando sí, pero con el máximo rigor de que soy capaz. Mi objetivo es divulgar, hacer más comprensible el neurodesarrollo y sus trastornos. Yo no lo sé todo y mi opinión (profesional, aquí no hay nada personal) puede estar equivocada, así que invito a comentar a quien (desde la profesionalidad y el rigor) quiera a aportar, matizar o mejorar mis opiniones.
La Medicina no es una ciencia exacta, es una ciencia de probabilidades en la que el factor humano –biológico y ambiental– juega un papel central y así suele fastidiar los pronósticos.
Esto no sólo sucede en los trastornos de la conducta o en las patologías de las emociones, sucede en cualquier rama de la Medicina cuando no se dispone de un marcador biológico que permita hacer un diagnóstico irrevocable. La migraña, el soplo cardíaco inocente, la hipertensión intracraneal benigna, la displasia cortical cerebral –no siempre demostrable en el niño pequeño– o la elevación del PSA en la sospecha del cáncer de próstata podrían ser ejemplos de lo que quiero ilustrar: que tú eres único y tu médico lo sabe.
A menudo, después del diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad(TDAH), me encuentro con la reticencia de los padres a dar a sus hijos tratamiento farmacológico.
En esta entrada intentaremos aclarar algunos conceptos y hablar de las distintas opciones de tratamiento farmacológico para el Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad.
Por María José Mas