Cómo es posible que de un entramado de neuronas y otras células surja una personalidad, una manera de estar en el mundo, un mundo propio. ¿Cómo las señales físico-químicas de las sinapsis se transforman en ideas? ¿Cómo emerge la mente? Este sigue siendo un gran misterio para la neurociencia y para la comprensión del ser humano.
El estudio del neurodesarrollo humano es sin duda clave para comprender mejor esta transformación del cerebro en mente.
Nacemos con nuestras capacidades sin desarrollar. La comunicación y el lenguaje aún no están presentes en los primeros años de nuestra vida, de los que no recordamos nada….
Con el lenguaje aparecen el recuerdo, la memoria, la conciencia.
«Más vale prevenir que curar.» Y esto es especialmente cierto para las enfermedades de las que nos protegen las vacunas.
Uno de los logros más relevantes de la Medicina, la vacunación protege de forma directa a quien la recibe y de forma indirecta a toda la población.
Gracias a la elevada eficacia de las vacunas varias generaciones de niños se han librado de morir o de sufrir por las enfermedades frente a las que nos protegen.
Hemos olvidado como eran esos males y erróneamente se banalizan, nos parecen del pasado como si no pudieran ya alcanzarnos. Pero para que eso sea verdad, tenemos que seguir protegiéndonos, debemos vacunarnos siempre que esté recomendado hacerlo.
Recomendaciones de vacunación contra la gripe
La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda vacunar frente a la gripe a los niños mayores de 6 meses de edad con problemas neurológicos que causan flaccidez muscular: muchos errores innatos del metabolismo, enfermedad neuromuscular, encefalopatía moderada o grave, síndrome de Down u otros trastornos genéticos con factores de riesgo.
También recomienda vacunar a personas sanas, adultos o niños a partir de los 6 meses, que convivan con enfermos en los que la gripe puede ser peligrosa la enfermedad. Con estas recomendaciones, se pretende proteger de la gripe a los niños cuya fuerza está disminuida, con tono muscular bajo, y que son por tanto más vulnerables a los síntomas y complicaciones de la gripe, que pueden causarles incluso la muerte. Además, la AEP, recomienda la vacunación a niños en otros grupos de riesgodiferentes a los neurológicos y cuya vulnerabilidad ante la gripe también está aumentada.
En mi última colaboración para su blog he escrito sobre el arte en relación al cerebro y a la neurociencia. Y me he valido de ejemplos de otras épocas y también más actuales.
«El cerebro humano, un órgano de 1350 g de peso y 1200 cm3 de volumen, de consistencia gelatinosa y…»
Así empieza la entrada, si queréis leerla entera este es vuestro enlace
El movimiento voluntario se obtiene por la contracción y relajación sucesiva de los músculos implicados. Los músculos mantienen un tono, una capacidad de contracción y relajación máximas que determinan la fuerza máxima a la que pueden contraerse.
Pero el movimiento surge del cerebro, donde se activan y coordinan múltiples sistemas que actúan en conjunto, que envía la orden a los músculos a través de la médula espinal y los nervios periféricos.
Sobre tono muscular influyen el estado del sistema nervioso central y los nervios –sistema nervioso periférico– y por fin el estado del propio músculo.
De la integridad de todos estos sistemas surgirá el movimiento fluido y armonioso que permite al violinista deleitarnos con la música y maravillarnos con sus elegantes movimientos.
El cerebro sirve para adaptarnos al entorno, ajusta su actividad a los cambios ambientales para que nuestras funciones corporales y nuestra conducta sean adecuadas en cada momento.
Las horas de luz diurna y su intensidad son un estímulo externo determinante de la actividad cerebral. De día estamos activos y de noche dormimos, y el cuerpo funciona diferente en cada estado, sometido al ciclo sueño-vigilia.
La duración del día y la noche varía a lo largo del año –sobre todo en las regiones templadas al norte del Trópico de Cáncer y al sur del de Capricornio– porque la traslación de la Tierra alrededor del Sol hace variar las horas de luz solar que recibimos y produce las estaciones, que modifican los ritmos biológicos de todos los seres vivos.
A partir del equinoccio es cuando más se nota el cambio en la duración de la luz solar. En otoño cada 24 horas habrá 3 minutos menos de luz solar hasta llegar al solsticio de invierno, el día con menos horas de luz del año. En primavera sucederá justo lo contrario.
Este cambio gradual de la duración de las horas de luz permite a nuestro reloj interno ajustarse sin dificultades, pero si los cambios son bruscos la adaptación puede ser más difícil. Es lo que sucede en los viajes rápidos a largas distancias y también en los cambios de hora de primavera y otoño.
Por María José Mas