Aproximadamente 1 de cada 40 personas en España tendrá epilepsia en algún momento de su vida, más frecuentemente durante la infancia o a partir de los 60 años aunque la epilepsia puede empezar a cualquier edad.
La epilepsia es una enfermedad predominantemente infantil, 4 de cada 1.000 niños de entre 6 y 14 años debutará con epilepsia.
Una neuropediatra es una pediatra especialista en tratar las patologías específicas del sistema nervioso de recién nacidos, lactantes, niños y adolescentes.
A diferencia de la neurología del adulto, la neuropediatría presta especial atención al neurodesarrollo y a las interferencias que sobre éste causa la enfermedad, neurológica o no.
Los neuropediatras atendemos un amplio abanico de enfermedades con diferentes grados de complejidad.
¿Cuándo debo ir a la neuropediatra?
Las enfermedades neurológicas causan una gran inquietud en los padres. Lo adecuado es consultar con el una neuropediatra, la profesional mejor formada para atender estos problemas. Las causas que más frecuentemente generan consultas de neurología infantil son:
La epilepsia infantil con puntas centrotemporales –antes llamada epilepsia infantil benigna con puntas centrotemporales o epilepsia rolándica– es una epilepsia autolimitada que se observa en niños en sus primeros años escolares.
Es la epilepsia idiopática más estudiada de la infancia.
Las crisis epilépticas son el síntoma principal de la epilepsia.
Están causadas por una descarga anómala de neuronas de la corteza cerebral, que pierden su ritmo y provocan una interrupción brusca del funcionamiento normal del cerebro.
Hay muchos tipos de crisis diferentes que además pueden coexistir en una misma persona, de modo que más que de epilepsia podríamos hablar de epilepsias.
Crisis epilépticas focales
Cuando sólo un grupo de neuronas pierde el ritmo, las crisis se llaman focales y sus manifestaciones pueden ser muy variadas dependiendo de la función que realiza la estructura a la que pertenecen las neuronas afectadas. Pueden ser crisis motoras, visuales, auditivas, etc. Si estas neuronas afectadas consiguen imponer su ritmo a todas las demás que no están enfermas, la crisis se hará generalizada.
¿A tu hijo le van a hacer un electroencefalograma?
Te explico qué es, para qué sirve, cómo se hace y la preparación que necesita.
El cerebro realiza de forma simultánea múltiples tareas, conscientes e inconscientes, todas ellas complejas.
Su éxito y eficacia se deben a su organización precisa y jerarquizada en diferentes estructuras encargadas de diferentes funciones.
Para que las tareas que realizan no interfieran unas con otras, estas estructuras se comunican entre sí mediante impulsos eléctricos –sinapsis– que se generan en las neuronas de forma coordinada y rítmica, lo que garantiza un resultado armonioso.
Estas señales eléctricas son de muy bajo voltaje pero mediante un amplificador podemos registrar su actividad para su estudio. El registro obtenido se llama
Electroencefalograma (EEG)
¿Para qué sirve un electroencefalograma?
Durante la visita, mediante la entrevista y la exploración clínica, la neuropediatra habrá obtenido los datos cínicos que le permitan dar un diagnóstico.
A menudo esa información debe complementarse mediante la realización de pruebas como el electroencefalograma –EEG—.
Aunque el EEG se utiliza fundamentalmente para el estudio de las convulsiones y de la epilepsia, también es de utilidad en otros problemas.
¿Cómo se hace un EEG?
Es un procedimiento muy seguro,que debe realizar un técnico o un médico especialista en neurofisiología.
El ambiente debe ser tranquilo, con pocos estímulos y el niño debe estar cómodo, tumbado en una camilla o sentado en una silla.
Los impulsos eléctricos cerebrales se recogen a través de unos pequeños discos metálicos (electrodos) que se colocan sobre zonas específicas del cuero cabelludo. Para que no se muevan, se sujetan firmemente con unas gomas o un gorro especial.
Con una jeringuilla sin aguja, se aplica un gel conductor debajo de cada electrodo para mejorar el contacto con la piel. Todo esto puede ser algo molesto, pero no será doloroso en absoluto.
Los electrodos se conectan mediante cables a un amplificador-grabador que recoge y registra los impulsos eléctricos en forma de ondas.
El registro debe durar un mínimo de 20 minutos para que tenga valor diagnóstico y deben seguirse las indicaciones de quien lo realiza.
La mayoría del tiempo la persona debe permanecer inmóvil y con los ojos cerrados. Cuando se le pida respirará de forma profunda durante unos minutos o mirará a una luz brillante que centellea a diferentes ritmos.
Los niños pequeños o con dificultades para colaborar es preferible que estén dormidos durante el procedimiento ya que el resultado será más fiable y obtendremos más información con una sola prueba.
Preparación previa al electroencefalograma
Conviene que el cabello esté recién limpio y seco: hay que lavarle la cabeza el día antes con el champú habitual y no aplicar acondicionadores, ni fijadores ni otros productos.
No es necesario ni conveniente que el niño esté en ayunas: a menos que la neuropediatra diga lo contrario, debe tomar su medicación habitual y no suspenderla el día de la prueba.
Es deseable que los niños menores de 5 años se duerman durante la prueba, porque colaborarán mejor y porque la prueba nos dará mucha más información. También en niños mayores es frecuente querer registrar la actividad cerebral durante el sueño.
Para facilitar que se duerma durante la prueba es aconsejable que las 24-48 horas previas no beba ni coma nada que contenga cafeína, té, bebidas energizantes u otros productos que le ayuden a mantenerse despierto.
La noche antes de la cita para la prueba, debe dormir sólo 5-6 horas e impedir que se duerma hasta que se le coloquen los electrodos. Para ello debe retrasarse la hora de acostarlo y adelantar la de despertarlo.
Resulta mucho más difícil que colaboren ya que no comprenden bien las instrucciones y es normal que se asusten más de la cuenta.
En este enlace de la fundación Orange encontrarás recursos de comunicación aumentativa –pictogramas, dibujos animados o vídeos–, muy útiles para anticipar lo que va a suceder.
Recomiendo trabajar con ellos uno o dos días antes de realizar la prueba. También es de gran utilidad para niños pequeños que aún no hablan, pero que necesitan un EEG por otras causas.
¿Y el resultado del electroencefalograma?
El electroencefalograma es imprescindible en el estudio de la epilepsia, debe hacerse siempre ante una convulsión sospechosa y antes de iniciar cualquier tratamiento. Pero es una prueba complementaria, eso quiere decir que por sí misma no tiene ningún valor.
El resultado del EEG debe interpretarse en el contexto del cuadro clínico ya que tener alteraciones en el EEG no implica tener una enfermedad y al contrario, no siempre que hay epilepsia se consiguen registrar alteraciones en el EEG.
El diagnóstico de la epilepsia es clínico y está basado en la repetición de las crisis.
El viernes tocaba curso para los residentes del Hospital Santa Tecla de Tarragona. Me invitaron a hablar de convulsiones y he pensado que estaría bien dejar aquí la charla por si resulta útil.
Información más visual sobre epilepsia y crisis febriles, aunque en esta ocasión dirigida a médicos.
Por María José Mas