La atención compartida es la capacidad de participar en el interés de otro. Respondiendo a su mirada, gestos o lenguaje, dirigimos nuestra atención hacia lo que se la ha llamado a él.
La capacidad de compartir la atención no es innata, se adquiere en los primeros meses de vida y su ausencia puede ser indicativa de un problema en el neurodesarrollo.
Tiene especial interés en la detección precoz del autismo, y me parece importante que conozcamos con más detalle en que consiste.
El autismo es un trastorno que afecta al desarrollo cerebral –neurodesarrollo– alterando la adquisición de las habilidades que facilitan la comunicación y la interacción social.
A menudo las reacciones de las personas con autismo provocan desconcierto y parecen muy extrañas. Es frecuente encontrar rabietas y conductas desbordantes que son una reacción frente a la frustración y que resultan incomprensibles para los que les rodean.
Por otra parte causa asombro encontrar aptitudes extraordinarias –por ejemplo en matemáticas, dibujo o pintura– en personas que tienen enormes dificultades comunicativas y sociales.
Al hablar sobre autismo y neurodiversidad, decía que el autismo es desconcertante porque permite intuir lo más profundo del funcionamiento cerebral humano. La neurociencia intenta explicar cuales son las alteraciones cerebrales y los procesos mentales que subyacen a la sintomatología del autismo.
Estamos lejos de saber cuales son las causas del autismo, aunque sospechamos que hay una herencia genética, pero empezamos a conocer mejor como son las alteraciones que esas causas producen en el cerebro.
Vamos a intentar explicar qué sucede en el cerebro de la persona con autismo. Para empezar hablaré de
Los procesos mentales en el autismo
¿Te has parado a pensar como es tu proceso mental? Quiero decir, cómo adquieres, organizas, analizas, memorizas, aprendes, recuerdas y usas la información cuando te hace falta. Cómo se forma y cuales son las cualidades de tu pensamiento… No como se supone que es, sino como es realmente el tuyo. ¿Eres observador, analítico, intuitivo, muy visual, verbal…? Te resulta difícil de definir y quizá no se te había ocurrido nunca reflexionar sobre ello.
La aceptación de esta idea, que puede parecernos atractiva, tiene consecuencias que van más allá de los aspectos relacionados con la salud.
El autismo es un concepto difícil, diverso y contradictorio.
Empezando por su naturaleza, siguiendo por sus manifestaciones y concluyendo con la terapéutica empleada: todo es discusión entorno al autismo.
Su desconocido origen hace muy difícil definir si se trata de una enfermedad, un síndrome o un trastorno. Cuestión que implica otras connotaciones que van más allá de lo estrictamente médico.
Las amplias variaciones sintomáticas del autismo hacen escurridiza su posible clasificación y dificultan su abordaje terapéutico por no ser estandarizable.
El enorme impacto que tiene el autismo en la conducta hace que muchas de sus dificultades se perciban como rasgos de la personalidad. Y creo que ahí está una de las claves de este embrollo. El autismo es un problema que sufre una persona concreta, con toda su riqueza individual, familiar y social y en este sentido involucra la propia identidad y tiene pues una repercusión «íntima» y personal.
Y es aquí es donde tiene cabida el concepto de neurodiversidad en relación con el autismo.
Tetraparesia significa disminución de la movilidad (paresia) en las cuatro (tetra) extremidades, es decir de brazos y piernas. Cuando se produce antes de los 3 años de edad se considera un tipo de parálisis cerebral infantil (PCI) y supone el 30% del total de casos. Es debida a una lesión extensa de la corteza cerebral que provoca una alteración del tono muscular y que puede tener múltiples causas, las más frecuentes la prematuridad, las alteraciones vasculares, traumáticas o infecciosas.
Tetraparesia espástica: parálisis que afecta a todo el cuerpo
Tetraparesia significa disminución de la movilidad (paresia) en las cuatro (tetra) extremidades, es decir de brazos y piernas. Cuando se produce antes de los 3 años de edad se considera un tipo de parálisis cerebral infantil (PCI) y supone el 30% del total de casos. Es debida a una lesión extensa de la corteza cerebral que provoca una alteración del tono muscular y que puede tener múltiples causas, las más frecuentes la prematuridad, las alteraciones vasculares, traumáticas o infecciosas.
Alteraciones motoras en la tetraparesia
A pesar de que están afectadas las cuatro extremidades, el cuello y el tronco, la gravedad puede ser muy variable.
Los niños más graves no tienen ningún control de la postura, tienen dificultades incluso para sostener la cabeza, mientras que los menos graves pueden incluso caminar de forma autónoma.
La espasticidad causa mayor afectación en los músculos que se contraen para vencer la gravedad (antigravitatorios) por lo que la postura suele ser en flexión de los brazos y las piernas.
En el brazo, los músculos flexores están en continua contracción, les cuesta separar el brazo del tronco y elevarlo por encima del hombro, también girarlo hacia fuera, extender el codo y la muñeca, girar la palma de la mano hacia arriba y abrir la mano separando los dedos. El pulgar está flexionado y queda incluido en la palma de la mano, dificultando mucho la manipulación.
La espasticidad de la pierna puede causar tanto extensión como flexión excesivas. La cadera suele estar en flexión lo que causa que el tronco se incline hacia adelante, la rodilla suele estar en flexión y mirando hacia adentro, aunque también puede estar estirada, el pie está casi siempre en puntillas, girado hacia dentro y cuesta el apoyo del talón. Los reflejos primitivos –o del recién nacido–, que normalmente desaparecen todos antes del año de vida, persisten dificultando la movilidad y el control de la postura. Además a la espasticidad se asocian con frecuencia otros trastornos de la movilidad como la distonía y la atetosis.
La principal tarea de nuestro cerebro es representarnos el mundo. Continuamente nos informa de lo que nos rodea para darle sentido y poder responder adecuadamente a cada situación. Pero nuestro cerebro va más allá de las simples y múltiples tareas cotidianas, las imprescindibles para nuestra supervivencia. Como es curioso, se hace preguntas para intentar comprender lo que le rodea. En sus respuestas encuentra nuevas preguntas y así es como avanza el conocimiento humano.
Por María José Mas