La planificación familiar ha sido uno de los grandes logros del siglo XX. La aparición de métodos anticonceptivos eficaces permitió separar la actividad sexual de la reproductiva y, con el uso del preservativo, reducir la incidencia de enfermedades de transmisión sexual.
Decidir cuando tener hijos sin renunciar a la actividad sexual tiene importantes consecuencias sociales y culturales, además de permitir a la mujer valorar su estado de salud y sus circunstancias personales antes de ser madre.
Mantener un estilo de vida saludable es esencial para cualquier persona. Pero es especialmente importante en las mujeres jóvenes en edad fértil y sexualmente activas que pueden quedar embarazadas sin buscarlo y por tanto no darse cuenta de ello hasta pasadas varias semanas, cuando el embrión está ya bastante desarrollado.
Casi todos los órganos fetales ya están organizados en la 8ª semana de gestación.
Observar el crecimiento de un niño es fascinante, no sólo el físico sino también el intelectual y el emocional.
La neuropediatría estudia el neurodesarrollo, el complejísimo proceso de maduración anatómica y funcional del sistema nervioso que posibilita la progresiva adquisición de las habilidades humanas.
La maduración del sistema nervioso
El sistema nervioso de las distintas especies animales es el fruto de un complejo desarrollo evolutivo por el que cada especie ha adquirido las habilidades que permiten su adaptación al medio y por tanto su supervivencia. Pensemos en lo diferentes que son los sentidos, la movilidad, la comunicación o la sociabilidad de cada especie.
El sistema nervioso humano tarda muchos años en desarrollarse. Tiene una compleja herencia genética y es mucho más flexible en sus aprendizajes que la de la mayoría de las especies, lo que explica la enorme riqueza de nuestra herencia cultural.
En el aprendizaje humano están involucradas todas las estructuras del sistema nervioso, que participan con distinta implicación en los diferentes procesos. Nuestro cerebro no nace con infinitas capacidades que se modifican por nuestra experiencia, ni tampoco es una estructura modular con capacidades innatas determinadas, sino que es la interacción constante entre nuestra herencia genética y cultural la que posibilita el crecimiento y la capacitación del sistema nervioso.
El neurodesarrollo humano sigue un programa por el que adquirimos de forma progresiva pero simultánea, el control postural, el desplazamiento, la manipulación, la comunicación, el lenguaje verbal, la interacción social y los aprendizajes académicos. Y también otras muchas habilidades intrínsecamente humanas, como el reconocimiento de caras, el uso del lenguaje hablado, la música, los chistes, el juego simbólico… Todos estos aprendizajes modifican las conexiones de nuestro cerebro que, aunque tienen un crecimiento espectacular en los primeros años de nuestra vida, continúan modificándose hasta la muerte.
La plasticidad cerebral
Es la capacidad que tiene la estructura cerebral para modificarse con el aprendizaje, y depende fundamentalmente de dos factores: la edad y la experiencia vivida.
Influencia de la edad en la plasticidad cerebral
La plasticidad cerebral es máxima en los primeros años del neurodesarrollo, cuando se adquieren los aprendizajes imprescindibles para la adaptación al medio (desplazamiento, comunicación, interacción social). Pero no es infinita, ya que está ligada a períodos críticos durante los cuales el cerebro está óptimamente preparado para adquirir una nueva función.
La mayoría de los niños aprenden a percibir su entorno, a andar, a hablar y relacionarse de forma espontánea. No precisan de una enseñanza activa, basta un medio que le permita desplazarse, oír, contemplar como los demás se relacionan, para que aprenda estas habilidades. Cuando su cerebro tenga maduras las estructuras necesarias para albergar cada una de estas funciones, simplemente las incorporará.
Influencia de la experiencia en la plasticidad cerebral
El aprendizaje es una cualidad humana presente durante toda nuestra vida, aunque nuestra capacidad de aprender disminuye con la edad. Las habilidades prescindibles para nuestra supervivencia como especie no se adquieren espontáneamente, sino que requieren un esfuerzo activo para su aprendizaje. Pueden aprenderse a cualquier edad, siempre que estén maduras las estructuras cerebrales necesarias para realizarlas.
Eso sí, si no se enseñan no se aprenderán, ya que además de unas capacidades básicas, requieren enseñanza activa, esfuerzo, y mejoran con la práctica y la experiencia.
Períodos críticos
Hacen referencia al momento en el que las estructuras cerebrales están maduras y pueden adquirir una función.
Se llaman críticos porque si no se adquiere una determinada habilidad en el momento óptimo de madurez cerebral luego será mucho más difícil y a veces imposible aprenderla.
Por ejemplo: nacemos con la capacidad de diferenciar todos los fonemas humanos, pero a los pocos meses sólo distinguimos los de nuestra lengua materna. Los orientales adultos tienen dificultad para distinguir la erre de la ele o los hispanohablantes para distinguir todas las vocales del francés.
Así, la detección y atención precoz de los problemas del neurodesarrollo aumentarán las probabilidades de mejora de las capacidades del niño al trabajar para desarrollarlas al máximo y que interaccione de forma efectiva y gratificante con su entorno.
Conclusiones
El aprendizaje humano es un proceso extraordinariamente complejo que se prolonga toda la vida.
Aunque nuestro cerebro es un órgano asombroso cuyo dinamismo nos permite adaptarnos a múltiples medios y situaciones, su plasticidad está limitada por la edad y la experiencia.
Es irresponsable y perjudicial utilizar el argumento de la plasticidad cerebral para justificar cualquier tipo de intervención terapéutica.
Sólo un análisis detallado de cada caso nos permitirá ofrecer la atención terapéutica más adecuada en el momento más pertinente, con objetivos claros y honrados.
Ante la sospecha de dificultades en el neurodesarrollo, consulta enseguida.
La parálisis cerebral infantil –PCI– es una consulta frecuente en neuropediatría.
El término engloba a un grupo de trastornos crónicos que producen una lesión en el cerebro –cerebral– durante su desarrollo –infantil– que afecta a la motricidad –parálisis–, alterando la postura y los movimientos.
La lesión es puntual, sucede una única vez y no se repite, pero las consecuencias son para siempre.
Las causas son muy variadas: accidentes vasculares cerebrales, mala oxigenación cerebral, malformaciones, infecciones, traumatismos… Y pueden suceder en cualquier momento hasta los 3 años de edad, aunque la mayoría de casos ocurren entre el período fetal y el primer mes de vida porque el cerebro inmaduro es más vulnerable.
Las probabilidades de sufrir una lesión son mayores si se produce un nacimiento prematuro –mayor riesgo a menor edad gestacional– o complicaciones tras el nacimiento.
A menudo no puede determinarse la causa de la lesión.
¿A tu hijo le van a hacer un electroencefalograma?
Te explico qué es, para qué sirve, cómo se hace y la preparación que necesita.
El cerebro realiza de forma simultánea múltiples tareas, conscientes e inconscientes, todas ellas complejas.
Su éxito y eficacia se deben a su organización precisa y jerarquizada en diferentes estructuras encargadas de diferentes funciones.
Para que las tareas que realizan no interfieran unas con otras, estas estructuras se comunican entre sí mediante impulsos eléctricos –sinapsis– que se generan en las neuronas de forma coordinada y rítmica, lo que garantiza un resultado armonioso.
Estas señales eléctricas son de muy bajo voltaje pero mediante un amplificador podemos registrar su actividad para su estudio. El registro obtenido se llama
Electroencefalograma (EEG)
¿Para qué sirve un electroencefalograma?
Durante la visita, mediante la entrevista y la exploración clínica, la neuropediatra habrá obtenido los datos cínicos que le permitan dar un diagnóstico.
A menudo esa información debe complementarse mediante la realización de pruebas como el electroencefalograma –EEG—.
Aunque el EEG se utiliza fundamentalmente para el estudio de las convulsiones y de la epilepsia, también es de utilidad en otros problemas.
¿Cómo se hace un EEG?
Es un procedimiento muy seguro,que debe realizar un técnico o un médico especialista en neurofisiología.
El ambiente debe ser tranquilo, con pocos estímulos y el niño debe estar cómodo, tumbado en una camilla o sentado en una silla.
Los impulsos eléctricos cerebrales se recogen a través de unos pequeños discos metálicos (electrodos) que se colocan sobre zonas específicas del cuero cabelludo. Para que no se muevan, se sujetan firmemente con unas gomas o un gorro especial.
Con una jeringuilla sin aguja, se aplica un gel conductor debajo de cada electrodo para mejorar el contacto con la piel. Todo esto puede ser algo molesto, pero no será doloroso en absoluto.
Los electrodos se conectan mediante cables a un amplificador-grabador que recoge y registra los impulsos eléctricos en forma de ondas.
El registro debe durar un mínimo de 20 minutos para que tenga valor diagnóstico y deben seguirse las indicaciones de quien lo realiza.
La mayoría del tiempo la persona debe permanecer inmóvil y con los ojos cerrados. Cuando se le pida respirará de forma profunda durante unos minutos o mirará a una luz brillante que centellea a diferentes ritmos.
Los niños pequeños o con dificultades para colaborar es preferible que estén dormidos durante el procedimiento ya que el resultado será más fiable y obtendremos más información con una sola prueba.
Preparación previa al electroencefalograma
Conviene que el cabello esté recién limpio y seco: hay que lavarle la cabeza el día antes con el champú habitual y no aplicar acondicionadores, ni fijadores ni otros productos.
No es necesario ni conveniente que el niño esté en ayunas: a menos que la neuropediatra diga lo contrario, debe tomar su medicación habitual y no suspenderla el día de la prueba.
Es deseable que los niños menores de 5 años se duerman durante la prueba, porque colaborarán mejor y porque la prueba nos dará mucha más información. También en niños mayores es frecuente querer registrar la actividad cerebral durante el sueño.
Para facilitar que se duerma durante la prueba es aconsejable que las 24-48 horas previas no beba ni coma nada que contenga cafeína, té, bebidas energizantes u otros productos que le ayuden a mantenerse despierto.
La noche antes de la cita para la prueba, debe dormir sólo 5-6 horas e impedir que se duerma hasta que se le coloquen los electrodos. Para ello debe retrasarse la hora de acostarlo y adelantar la de despertarlo.
Resulta mucho más difícil que colaboren ya que no comprenden bien las instrucciones y es normal que se asusten más de la cuenta.
En este enlace de la fundación Orange encontrarás recursos de comunicación aumentativa –pictogramas, dibujos animados o vídeos–, muy útiles para anticipar lo que va a suceder.
Recomiendo trabajar con ellos uno o dos días antes de realizar la prueba. También es de gran utilidad para niños pequeños que aún no hablan, pero que necesitan un EEG por otras causas.
¿Y el resultado del electroencefalograma?
El electroencefalograma es imprescindible en el estudio de la epilepsia, debe hacerse siempre ante una convulsión sospechosa y antes de iniciar cualquier tratamiento. Pero es una prueba complementaria, eso quiere decir que por sí misma no tiene ningún valor.
El resultado del EEG debe interpretarse en el contexto del cuadro clínico ya que tener alteraciones en el EEG no implica tener una enfermedad y al contrario, no siempre que hay epilepsia se consiguen registrar alteraciones en el EEG.
El diagnóstico de la epilepsia es clínico y está basado en la repetición de las crisis.
Entrada dedicada a todas las personas que trabajan en emergencias, una tarea muy compleja en primera línea.
La mejor forma de ayudar es la prevención.
Disfrutando con cabeza
El verano es la época más esperada del año. Las familias pueden estar juntas sin las obligaciones ni los horarios del invierno, los niños tienen una mayor libertad. En la época estival el tiempo libre, las actividades deportivas y la relajación de los adultos favorecen los accidentes infantiles.
Los accidentes en el hogar o en zonas de recreo son la principal causa de mortalidad infantil en Europa.
Por María José Mas