La percepción del tiempo, feliz 2019

Pasa otro año más y en estos días finales es difícil sustraerse a reflexionar sobre lo vivido, sopesar lo que nos ha pasado y hacer planes de futuro. Al mirar atrás nos parece que el tiempo ha pasado muy rápido o tal vez muy lento o quizá dependa de qué nos haya sucedido a lo largo de este año. La forma en la que percibimos el tiempo es subjetiva, porque  el tiempo es una medida humana que nos obsesiona.

Y de eso trata mi última entrada del año, del tiempo y de cómo lo percibimos.

El tiempo es una medida humana

Porque ¿existe el tiempo sin alguien que lo observe? Ya nos desveló Einstein que el tiempo es relativo, y todos sabemos que la forma de medirlo no es constante, ni entre culturas ni a lo largo de la historia.

Todas las felicitaciones de nuevo año del blog (2013-2018).

Aquí y ahora medimos el tiempo usando las posiciones relativas entre el Sol y la Tierra y llamamos año al tiempo que tarda el sol en volver a ocupar la misma posición en nuestro cielo: 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Pero nos ha llevado milenios acordar un calendario. Desde el calendario lunar de las culturas más antiguas, pasando por el calendario solar de 365 días de los egipcios, la división del año en meses por los romanos y la invención de los años bisiestos por Julio César –calendario juliano–, hasta la corrección definitiva del desfase acumulado de 10 días que lleva a cabo el Papa Gregorio XIII en el siglo XVI.

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La cara de los bebés y el apego

¿Cuál es tu reacción cuando ves un bebé? Esa cabeza grande sobre un cuerpo tan pequeño y regordete, los bracitos y las piernas cortas, esos ojos gigantes… Son irresistibles, sacan el lado más tontorrón de cualquier adulto. Despiertan una ternura y un instinto de protección difíciles de controlar.

Las caras de los niños, especialmente las de los bebés, llaman mucho nuestra atención.

Su fisonomía parece estar diseñada para eso y, además, esos rasgos infantiles son comunes a otras especies animales. Una cría de león, un gatito o un polluelo, nos provocan sentimientos similares, pero ¿por qué?

Tras nacer, las crías de la mayoría de las especies dependen en gran medida de los cuidados de sus progenitores, necesitan que sus padres los alimenten y protejan. Estos cuidados son cruciales para su supervivencia y por tanto para la de la especie. En los humanos la dependencia es completa, ya que al nacer no podemos ni cambiar solos de postura. Parece que las características inherentes a los rostros infantiles facilitan el comportamiento de crianza en los adultos. El conjunto de estas características se llama…

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Cefalea infantil, qué necesitas saber

cefalea

Pues sí, los niños sufren cefalea y además puede aparecer en edades muy tempranas. Esto genera gran inquietud y por eso es motivo de consulta a la neuropediatra.

La preocupación es diferente para el que sufre el dolor, para sus padres o para el médico y eso hace que la manera en que nos enfrentamos a ella sea distinta.

Qué tipos de cefalea existen, qué debemos contarle a la neuropediatra, cuáles pueden ser las causas del dolor, qué pruebas son adecuadas para su estudio… Todo esto vamos a tratar en la entrada de hoy.

Sobre cefalea infantil

La cefalea es un problema que molesta a todo el mundo: al que lo padece a los que le rodean y al médico. Como cualquier dolor, carece de un marcador biológico que nos permita decir con certeza cuánto y cómo duele la cabeza.

En el caso de los niños la inquietud es mayor y todos queremos estar seguros de que es un dolor banal, de que no pasa nada importante.

Esta preocupación lleva muy a menudo a consultar con el neurólogo infantil, de modo que la cefalea origina

1 de cada 5 consultas a neuropediatría

Y así es la mayoría de las veces, la causa del dolor no será grave, pero eso no quita que debamos darle la importancia que tiene, porque doler duele

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Queridos maestros: los niños con TDAH os necesitan

La medicación para el Trastorno por Déficit de Atención Hiperactividad –TDAH– mejora la atención, pero no los procesos de aprendizaje, que son distintos a los de otros niños.

El tratamiento que se ha mostrado más eficaz para el TDAH es la combinación de fármacos específicos con terapia cognitivo conductual. Lo que más llama la atención en el TDAH son sus síntomas nucleares –la falta de atención, el no parar quieto y la impulsividad, combinados entre sí con distinta intensidad–, y con la terapia indicada suele conseguirse mejoría.

Sin embargo yo creo que el quid de la cuestión está en comprender los procesos mentales de los niños con TDAH, de esto se habla poco y es el origen de la incomprensión y de la mayoría de los problemas que se generan. Por eso me he decidido a escribir esta entrada, para ayudar a los docentes a comprender estos procesos y adaptar la manera de enseñar atendiendo a esas diferencias.

Desconocemos qué causa el TDAH y como se producen sus síntomas. Aunque tenemos pruebas que indican que el origen puede ser genético y estudios anatómicos que encuentran diferencias en el tamaño de distintas estructuras del encéfalo, no tenemos certezas. Así que el diagnóstico es todavía clínico y se basa en en la observación de la conducta del niño.

Esta circunstancia y la gran variabilidad clínica propia del TDAH no ayudan a su comprensión, al contrario alientan falsas controversias interesadas que llegan a la opinión pública y generan dudas a las familias, a los docentes y a la sociedad en general.

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El mejor tratamiento del TDAH

El Trastorno por Déficit de Atención hiperactividad –TDAH–, es un trastorno del neurodesarrollo muy frecuente, que afecta aproximadamente al 5% de la población infantil.

Los niños presentan dificultades para dirigir y mantener la atención en una tarea, se mueven en exceso y son impulsivos. Todas ellas son conductas propias de la infancia y por eso mismo su diagnóstico puede ser difícil y controvertido, así que imaginemos lo complicado de su tratamiento.

El TDAH es el trastorno del neurodesarrollo más común en las consultas de neuropediatría, psiquiatría infantil y psicología. En muchos países occidentales las tasas de prescripción de fármacos han aumentado mucho, no sin cierta controversia entre los profesionales.

Estas discrepancias han derivado en un debate público sobre el manejo del TDAH que no siempre se respalda en los conocimientos que la Medicina tiene sobre este trastorno.

Cuestionar la Medicina está de moda, una moda muy peligrosa, la oportunidad que muchos están esperando para ofrecer tratamientos y respuestas que la Medicina sabe que no existen todavía.

El ejercicio de la Medicina supone un reto constante. Cada paciente y sus problemas son únicos y los médicos sabemos que las certezas no existen, porque la Medicina es una ciencia de probabilidades que hay que aprender a manejar y quienes la amamos nos sabemos falibles. Buscamos respuestas a nuestras dudas, pero sin que sean obstáculo para que el paciente reciba la mejor respuesta posible.

También el paciente con TDAH merece respuestas. En esta entrada trataré de explicar como está la cuestión a día de hoy.

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